Y llega un momento en el que tienes que decir “Adiós”. Y qué duro es ese momento. La incertidumbre de que será del que te dice la misma palabra. El no saber cuándo volveréis a encontraros. “Hasta pronto” decís los dos convencidos. Sin embargo, en el fondo sabéis que es muy posible que no os volváis a ver hasta las mismas fechas pero del año siguiente.
Que tristes son las despedidas. Ese sentimiento de bajón que te va entrando poco a poco según vas despidiéndote y luego caminas solo a casa. ¿por qué no podemos seguir todos juntos? Malditas despedidas. Y maldito todo lo que estas conllevan. Puedes mantener el contacto por teléfono. Pero, nunca será igual.
Unos días después se te olvida y vuelves a entrar en la rutina. Pero sin saber cómo ni porqué unos meses más tarde, cuando estás de exámenes, agobiado… te acuerdas de los momentos vividos.
Curioso, mientras escribo estas líneas en la radio suena música triste. Ellos también saben que esto se está acabando. Buscas darle la vuelta aunque sabes que no es posible. Solo queda esperar. Esperar y volver a estar todos juntos el año que viene.
Si te deja pena significa que ha valido la pena. Que han sido unos días muy buenos, o lo suficientemente buenos como para querer más. Los planes tal vez, quizás sea el salir de la rutina, pero seguro que la compañía han hecho de estos días unos días irrepetibles.