Pocos días recuero como el de hoy en mi vida. Tan intensos como divertidos, cansados y agradables a partes iguales. Uno de esos días llenos de recuerdos y emociones. Uno de esos días en los que vuelves a ser niño otra vez. Es el día en el que vuelves a Disneyland.
Llegas en el autobús y estas nervioso, te dan una entrada con la cara de Mickey. Vas con el resto de españoles y como esto es así acabas metido en una atracción que básicamente consiste en subir y bajar tipo caída libre a oscuras. El primer momento vas cagado, con perdón. Pero después todo mejora, hay un momento en el que se abre la puerta y ves todo Disneyland. De repente todo está oscuro y tú estás bajando rapidísimo.
Sales de la atracción lleno de adrenalina y te vas a la siguiente, una especie de nave en la que tienes que disparar a unos objetos que se mueven. Eres Buzz Lightyear. Te quedas solo con el monitor y toca montarse en más atracciones, Indiana Jones por ejemplo. Te pretendes montar ahí porque no hay loopings. Y tras hacer la cola, a 5 minutos de montarte ves en tus narices un looping. Genial. He de reconocer que al final no estuvo tan mal.
Parada técnica para comer y más atracciones, es momento del space mountain. A oscuras un recorrido lleno de subidas y bajadas. Tú vas menos asustado que al principio y de hecho disfrutas como un enano. Ya no hay quien te pare. Te montas en otra y otra. Así hasta que es hora de volver, llegas agotado al autobús y caes redondo. Duermes como un bebé. Cenas y duermes más. Un día inolvidable.