DÍA 13:

Miércoles, como siempre día de turismo, estamos muy mal acostumbrados y es que la semana pasada el día de turismo tuve la suerte de ir al Louvre. Esta semana en cambio era momento de ir a otro museo. El musée D´orsay. Y además al monumento más emblemático de esta ciudad. Efectivamente, hablo de la Torre Eiffel.

El día empezaba temprano, con mis dos boles de cereales diarios y mis 3 zumos. Es importante desayunar bien para tener fuerza para el resto del día. Tras un no muy largo trayecto en bus llegamos al museo. Y una vez más me di cuenta de la diferencia que hay entre un buen guía y uno malo. De hecho, él solito puede hacer que te encante el museo o puede hacerte odiarlo. Y esta vez por desgracia ha sido la segunda. Pongámonos en situación, un grupo de 40 garrulos de 16 años a los que lo que menos les puede apetecer es ir a un museo. De hecho, sabes que van a buscar cualquier excusa para no tener que escuchar y poder pasarlo bien. Y tú, en vez de hacer un paseo amable y agradable te dedicas a soltar tu rollo de fechas y cosas técnicas en francés sin que casi ninguno de nosotros entienda nada.

Tras el fiasco inicial era momento de ir a la Torre Eiffel, y como no, más problemas. En vez de habernos sacado el ticket para subir sin cola teníamos que hacer una cola de dos horas. Nos dejaron decidir si queríamos esperar la cola y subir simplemente al primer piso o poder dar una vuelta por París. Yo no estaba seguro de que hacer, sin embargo, al final acabé dando un agradable paseo con Fernando y Abigail para acabar en la típica terraza Parisina tomando un café.

Era momento de volver a casa, y en el autobús de repente nos dieron la opción de dar un paseo por el pueblo en el que está nuestro colegio. Un pequeño pueblo con casas clásicas de colores. Un lugar precioso. Decidimos ir a tomar una Coca-Cola a un bar del cual me acabaron echando. Ya sabéis que los franceses normalmente no es que tengan unos grandes modales. Sucedió tal que así:

  • Buenas tardes querría una hamburguesa para comer.
  • Ahora no.
  • ¿Por qué?
  • Por que está cerrado.
  • Ok, entonces no quiero nada.
  • Si no consumes nada vete.
  • Vale, adiós.

Cogí mi abrigo enfadado y me fui. Comí en otro sitio muy agradablemente y mucho más barato. ¡Si es que no hay mal que por bien no venga! Otro día mas en lo que los demás españoles llaman el campo de concentración. Yo sin embargo creo que es el mejor cambio de concentración en el que he estado nunca.

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