La verdad que estoy muy contento de tener una nueva colaboracion en el blog. Esta corre a cargo de la persona que me inspiró a empezar y me animó al principio a seguir adelante. La persona gracias a la que este blog sigue aquí. Entrada por: Alberto Ahumada.
No se por qué será que los niños no se escapan de mis pensamientos. Todos los días salgo a la entrada de rehabilitación freno mi silla saco mi bocata y lo voy comiendo. Mi bocata de observar y reflexionar.
Veo entrar y salir a todo tipo de personas, muchos conductores de ambulancia haciendo de su trabajo rutina y evadiéndose de lo que ven. Los médicos, los fisios, enfermeras, auxiliares o celadores se evaden, para la gran mayoría es solo su trabajo, no se paran a pensar en la vida de los demás o en lo que ellos tienen para disfrutar. Los enfermos están en su mundo la mayoría centrados en ellos y los acompañantes centrados en el enfermo al que acompañan. Yo mientras como mi bocata y observo es como si nadie me ve, todo el mundo está a lo suyo. Pero los niños y las niñas que entran y salen me marcan. No se por qué es, y da igual la enfermedad o lesión que tengan. Será que les veo tan inocentes, tan indefensos, tan valientes y a la vez tan débiles, tan necesitados de ayuda, será que me siento identificado, que todos recordamos nuestra infancia, que todos nos sentimos débiles antes o después, que todos necesitamos ese calor, cariño y amor, ese amor que nos dan nuestras madres. Esos niños me marcan porque al pasar una enfermedad mas o menos grave te vueles a sentir niño y necesitar ese cariño, y de todas esas personas que pasan por esa puerta antes o después lo necesitan, necesitan ese cariño, y todas las personas en el mundo con sus trabajos sus vidas y sus objetivos lo necesitarán. Y ver a esos niños que lo necesitan más que nadie que estiran los brazos pidiendo un abrazo, que te miran con cara de inocente, que curiosamente son los únicos que se dan cuenta de que estoy ahí, observándoles, me marca, me marca verles. Me marca porque veo su vulnerabilidad por qué siento que de una forma o de otra les falta cariño o amor y de una forma o de otra me siento identificado, pero no porque no lo tenga, si no porque todos lo necesitamos, a todos nos ha faltado y todos sabemos lo que es sentirse vuelnerable.
Pero a la hora de la verdad, de todas las personas que veo entrar y salir, con sus problemas y defectos, con sus vidas y sus virtudes, sigo sin saber por qué será que los niños no se escapan de mis pensamientos.