Querido profesor.
Gracias por haberme dado por todos lados, gracias por hacer que dejase de creer en mi y por hacerme llorar. Gracias por sacar mi lado más fuerte, por mandarme cientos de ejercicios que jamas quisiste corregir, por obligarme a entregar toneladas de esquemas que ni siquiera te dignaste a mirar y por todas las veces que me heriste pese a que nunca me hundiste.
Gracias por no querer escuchar a los alumnos y por sentirte superior a nosotros. Gracias, de corazón, porque ahora soy mejor. He empezado una nueva etapa en mi vida y tú en cambio, sigues ahí, consiguiendo que la mayoría de tus alumnos te odien, acabando con los sueños de muchos, pero reforzando las ilusiones de los más valientes.
Gracias por no confiar en mi. Por decirme que no sería capaz de conseguir estudiar una buena carrera y que mi cabeza no funcionaba lo suficientemente bien. Gracias por no ser un tipo coherente y por no escucharme aun sabiendo que lo estaba pasando mal.
Pero oye, recuerda, no pudiste conmigo.
Y ahora, querido profesor que nos animó a luchar por nuestros sueños, que se quiso quedar hasta más tarde para resolver dudas y que se ofreció a dar mas horas de clase de las establecidas en la preparación de selectividad.
De no ser por ti probablemente jamás hubiese abierto un blog o empezado con la «empresa» de edición de vídeo.
¿Sabes? Ahora tengo muchos más objetivos y metas en mente, muchas más cosas que hacer y un mundo que cambiar. Y… ¿sabes por qué? Porque un día creíste en mi. Me animaste a conseguir lo imposible, o al menos a intentarlo. Me consolaste cuando lloraba y viniste con los alumnos a tomar una caña como una persona normal al terminar nuestra etapa en el colegio.
Porque jamás he conocido a nadie que se quejase de tus clases o que dijese no haber aprendido. Pero sobretodo, porque no conozco a nadie al que no animases, sin importar si era listo o tonto, buen o mal estudiante, si su idea era buena o no tanto…
Gracias por decidir creer en tus alumnos. Y que sepas que cuando algún día hagamos algo grande, una pequeña parte será tuya.
Gracias Álvaro, por aguantarme las lágrimas y por escuchar como me quejaba de todo, por ayudarme cuando mi cabeza decidió colapsar y por bajar a la arena y no sentirte superior. Por ser un tipo que se hace respetar, pero que también se hace querer. En definitiva, gracias por tus enseñanzas, y no hablo solo de las académicas.