A ti que fuiste el primero en leerme, que me viste y sobre todo que me hiciste crecer. A ti, mi padrino, mi amigo, mi compañero y en muchas cosas mi mentor. A ti que siempre has creído en mí y a ti que nunca creía que tendría que escribirte esta carta. Por lo menos, no tan pronto. A ti que, siendo tan bueno, la vida te ha hecho tanto mal estos últimos meses. A ti que ahora por fin te toca descansar.
Qué voy a decirte que no sepas. Qué voy a decirle al mundo de ti que ellos ya no conozcan… Sólo puedo darte las gracias. Las gracias por confiar, por pegarme la bronca cuando era necesario, por siempre tener una palabra de alivio cuando las cosas no iban bien, por esa telepatía que teníamos para saber cuándo era buen momento para llamar.
Por lo bien que me lo pasaba jugando con tu reloj, por la última paella y los paseos, por todos los españoles que nos tomamos en navidad después de comprar los regalos de reyes. Por las vueltas que te hice dar buscando siempre el mejor regalo de la navidad. Por haberme acompañado a lo largo de todos y cada uno de los baches que he pasado. Por tu lucha, tu forma de querer y tu generosidad. Por tu enorme corazón y por tu bondad. Por las bicis de montaña y por las cenas en el Gorliz cuando os cruzabais media España para venir a vernos.
Porque eres la persona más maravillosa con la que uno se podía cruzar, porque sin ti nada va a ser igual y porque por fin puedes descansar. Por fin puedes estar con los tuyos, por fin puedes volver a respirar, a reír y a pedalear. Sea donde sea. Porque no me cabe duda de que a todos nos vas a cuidar.
Porque eres valiente, eres ejemplo y eres paz. Porque te quiero con locura. Por todo esto y por todo lo que nos quedó por contar. Prometo hacerte sentir orgulloso. Hasta siempre.
Descansa, MAF