Tras Chicago cancelar y al saber que el erasmus no podía abortar, aquel día de noviembre de 2020 a ese dichoso ordenador volví a entrar esperando un destino al que mi erasmus cambiar. Nuevamente, y aun por mucho confiar, a ese destino Guillermo del todo no iba a llegar. Digo del todo porque, aunque no he podido pasar los 5 meses que me correspondían en esta mágica ciudad, sin duda han sido cinco de los mejores meses de mi estancia en la universidad.
El 4 de enero empezaba mi andadura en el famoso tele-erasmus. IESEG Lille, allá iba. A día de hoy, sigo sin saber cuánto sentido tiene vivir un erasmus sin vivirlo realmente, pero como sabéis, nunca he sido una persona que tienda a lamentarse, sino que suelo ir más de perdidos al río y me gusta aprovechar cada cosa que me depara el destino. Así que, por ello, junto a Zoom y Wiseflow, mis nuevos fieles compañeros, iba a curtirme en algo que para mi hasta entonces había pasado desapercibido.
Desde entonces solo bellas casualidades empezaron esta aventura a rodear. He conocido a gente maravillosa. Por citar a unos pocos es difícil no hablar de Mrunal o de Jill, de Shubbankar o de Azra, Alejandro, Somi o Ryanna. Cómo olvidarme de Aratxa y de Marta.
He podido disfrutar de asignaturas que en mi vida me imaginé que se podían enseñar. He profundizado en áreas a las que en mi vida profesional me quiero dedicar y me he dejado sorprender por otras que me han acabado por llenar de placer.
Así que sí, tal vez esto no sea un erasmus al uso. Es más, estoy seguro de que no lo es. Pero también sé que benditas aquellas cosas que no todo el mundo tiene pero que conseguimos disfrutar. Bendita la semana que a Lille me pude escapar y benditas los recuerdos que en mi memoria van a perdurar.
– Versión Corta de un texto de demasiados caracteres con cosas que creo que no aporta demasiado publicar –