Dicen que el precio de los buenos momentos son los recuerdos. Dicen también que las primeras veces son las más complicadas y que pronto Madrid se sentirá tu nuevo hogar. Tal vez se sienta así ya. No lo sé. Lo que sí sé es que desde el bus que me devuelve a la capital los sentimientos que rondan mi cabeza son variados. Son muchos los momentos guays vividos en estos 4 días que he pasado en el norte. Cantar a Pereza a pleno pulmón en unas fiestas de pueblo de esas que antes marcaban tu verano. Jugar al tenis con jugadores que un día tal vez salgan en la tele o volver a ver a tu gente. Sin embargo, también es amargo volver a sentir que te vas. Dejar a tus padres en casa mientras marchas camino al bus. Hacer correr a tu padre porque eres idiota y te has olvidado las llaves de casa, son las 17.47, estás en San Mamés y el autobús sale a las 18h. Suena Bad Bunny y ni siquiera oyes la canción que hasta ahora cada vez que oías gritabas como si no hubiera mañana. No sabes bien porqué, pero no te apetece demasiado hablar.
En tu nueva casa, en cambio, ya te esperan algunos planes. Un padel mañana con 3 compañeros de trabajo, quien sabe si ver a algún que otro amigo al que hace tiempo que no ves o cualquier cosa que te puedas inventar. Y es que Madrid es eso, es salir y saber que algo podrás inventar, saber que siempre hay algo que hacer o un plan que improvisar. Madrid son sus terrazas y sus espectáculos, su vida frenética y su mezcla de culturas. Madrid es, en definitiva, la casilla de salida hacia tu nueva vida. Casilla que por ahora te está sin duda haciendo despegar en todos los sentidos.
No sé cómo, pero he vuelto a terminar divagando sobre no tengo muy claro qué, pero supongo que es un buen reflejo de justo eso que estoy sintiendo: exactamente no sé muy bien el qué.
Julio de 2022 – Guillermo desde el Alsa que le devuelve a casa