Y si las cosas no van bien no soy capaz de ponerme una careta, sonreír y hacer como que no pasa nada. No soy así
Eso, ya lo hice y no sirve de nada. De hecho, no hace más que agrandar el dolor puesto que, como nadie sabe que estás mal no se preocupan por ti. Es lógico, no tienen motivos para preocuparse.
Y llega un día en el que no puedes más. Explotas. Hay muchas formas de explotar. Explotas tirando una pelota con todas tus fuerzas en el entrenamiento, sigues callado y te explota la cabeza de tal modo que te ves a las 2 de la mañana ingresado en un hospital con calmantes.
Todo por callarte más de lo que debías, por no soltarlo. En parte por no tener con quien soltarlo. Es probable sin embargo, que unas semanas más tarde estés en la misma situación, repitiendo los errores que juraste nunca más cometer.
