BASTA YA DE CARETAS.

Y si las cosas no van bien no soy capaz de ponerme una careta, sonreír y hacer como que no pasa nada. No soy así

Eso, ya lo hice y no sirve de nada. De hecho, no hace más que agrandar el dolor puesto que, como nadie sabe que estás mal no se preocupan por ti. Es lógico, no tienen motivos para preocuparse.

Y llega un día en el que no puedes más. Explotas. Hay muchas formas de explotar. Explotas tirando una pelota con todas tus fuerzas en el entrenamiento, sigues callado y te explota la cabeza de tal modo que te ves a las 2 de la mañana ingresado en un hospital con calmantes.

Todo por callarte más de lo que debías, por no soltarlo. En parte por no tener con quien soltarlo. Es probable sin embargo, que unas semanas más tarde estés en la misma situación, repitiendo los errores que juraste nunca más cometer.

Que difícil es decir adiós

Y llega un momento en el que tienes que decir “Adiós”. Y qué duro es ese momento. La incertidumbre de que será del que te dice la misma palabra. El no saber cuándo volveréis a encontraros. “Hasta pronto” decís los dos convencidos. Sin embargo, en el fondo sabéis que es muy posible que no os volváis a ver hasta las mismas fechas pero del año siguiente.

Que tristes son las despedidas. Ese sentimiento de bajón que te va entrando poco a poco según vas despidiéndote y luego caminas solo a casa. ¿por qué no podemos seguir todos juntos? Malditas despedidas. Y maldito todo lo que estas conllevan. Puedes mantener el contacto por teléfono. Pero, nunca será igual.

Unos días después se te olvida y vuelves a entrar en la rutina. Pero sin saber cómo ni porqué unos meses más tarde, cuando estás de exámenes, agobiado… te acuerdas de los momentos vividos.

Curioso, mientras escribo estas líneas en la radio suena música triste. Ellos también saben que esto se está acabando. Buscas darle la vuelta aunque sabes que no es posible. Solo queda esperar. Esperar y volver a estar todos juntos el año que viene.

Si te deja pena significa que ha valido la pena. Que han sido unos días muy buenos, o lo suficientemente buenos como para querer más. Los planes tal vez, quizás sea el salir de la rutina, pero seguro que la compañía han hecho de estos días unos días irrepetibles.

Una Semana Santa especial. 

Viernes de dolores. Ha llegado ese día. Momento de reencuentros. Momento de nervios. ¿Me entrara el hábito? Los zapatos… ¿Dónde los he dejado? ¿Y los guantes? Corres a la sede. Misma hora de años anteriores y como siempre, llegas tarde. La gente te mira por la calle y es que llevas en una bolsa un cono extraño. Cono al que nosotros, los cofrades llamamos capirote. Cono que nos convierte a todos en iguales. 
Llegas a la sede. Ves a Pablo, a Álvaro, Helena y todos con los que año a año compartes esta semana. Como cada año hay gente nueva. Poco a poco buscas entre ellos a los que son de tu edad. Hablas con ellos. Y es que si estás ahí es porque quieres. Porque compartes una misma fe. Te vistes, como siempre corriendo bajas a la iglesia. Dicen unas palabras, coges el farol, la vela o la cruz. Lo que te toque llevar cada día. 

Sales a la calle, la madre que busca al niño, El Niño que busca a su madre. El padre que encuentra a la hija. Te bajas el capirote. Esto ya está a punto de empezar. Te colocas en la fila, ultimas los detalles. Te atas la cuerda de la que colgaras el farol. Compruebas que la vela tiene mecha. Buscas a tus amigos para ponerte cerca y oyes el primer redoble del año. Pelos de punta. Esto ha empezado. 

Caminas por las calles de Bilbao. Vas mirando a los que año tras año abarrotan las calles. El Niño pequeño que tiene miedo. El que juega con su tambor de juguete. El que habla con sus padres sobre qué banda toca mejor. La anciana que se santigua al ver pasar la cruz. El hombre al que le brillan los ojos de la emoción. Van pasando las horas. Se empiezan a juntar el hambre con el cansancio y a ellos se les une el sueño. Mezcla explosiva. 

Acaba la procesión. Vuelves a la sede. Suena la Marcha Real. Ves al estandarte pasar. Estandarte al que de niño acompañabas y que probablemente en unos años lleves. Aplausos de los espectadores. Te quitas el capirote. Te echan la bronca por quitártelo antes de entrar a la sede. Tienes la marca de la goma perfectamente dibujada en la frente. Pelos de loco, ganas de ir al baño y cansancio. Mucho cansancio. 

Dejas la vela, suerte si no te toca subir a dejar un farol. Oyes cómo caen algunas. Sabes que esas son las que al día siguiente no tendrán mecha o gotearán. Habrá que estar más atento. 

Día tras día, año tras año. Una semana especial. Momentos irrepetibles e inolvidables. Momentos que te marcan.

Ese por mis huevos que marca la diferencia. 

Ese por mis huevos que marca la diferencia.Por mis huevos que voy a sacar este partido. Por mis huevos que voy a aprobar tal examen. Ese por mis huevos que hace que salga lo mejor de ti en los peores momentos. Ese por mis huevos es el que marca la diferencia. Ojos inyectados en sangre, ganas de conseguirlo por muy mal que este todo. Ya tengas que estar tres horas en una pista de tenis o 5 estudiando. No hay nada que pueda pararte si crees en ti mismo. 
Cuando todo esté en tu contra. Cuando todas las apuestas te den como claro perdedor. Cuando nadie crea en ti, CREE TÚ. No hay nada que no puedas hacer si crees en ello. No hay nada que no puedas hacer si trabajas por ello. Lúchalo. Échale un par de huevos y sácalo a delante. 

Vive! 

Es increíble. Nos comemos la cabeza por todo, la mayoría del tiempo nos lo pasamos buscando solventar los problemas que tenemos y nos olvidamos de VIVIR. Para que resolver tantos problemas,¿ para que trabajar tanto, para que hacer tanto si al final vivimos tan poco? 

Tienes una vida y la estás malgastando, tienes 24 oportunidades por día de hacer cosas. Vamos a quitarle 8 para dormir y te quedan 16 horas llenas de posibilidades. Trabaja, haz deporte, sal con unos amigos, cena fuera, sal de fiesta incluso. Trabajar es importante, estudiar también pero hay vida más allá de estas actividades. 

De hecho, la vida empieza fuera de estas actividades, hay gente que vive por y para trabajar y ¿todo para que? Si no eres feliz de que te sirve tener más dinero, si no vas a poder aprovecharlo, no vas a tener tiempo para disfrutarlo. Trabaja menos y vive más. 

El otro día en clase nos dieron un discurso de estos que surgen de una pregunta para intentar perder tiempo que me marcó. La vida empieza fuera del trabajo, las vacaciones son para descansar y la vida para vivirla. Olvídate de problemas, cuando salgas del colegio estudia un rato pero no descuides lo que importa de verdad. No descuides vivir, no descuides ser feliz, haz deporte y estate con tus amigos. Estás en la mejor etapa de tu vida y la estás desperdiciando por pensar solo en estudios.

Y es verdad, tengo 16 años, es tiempo de vivir, de salir, de hacer deporte y de disfrutar. Tengo toda la vida por delante y si tenemos la suerte de vivir tenemos que aprovecharla.