HABLEMOS DE ESTRÉS, DE AGOBIO Y DE SALUD MENTAL.

Nunca me había pasado. Es posible que a ti tampoco. Sin embargo, un día viene y te toca al timbre como si fuese un amigo de toda la vida. Te atrapa en sus garras y es entonces cuando estás bien jodido.

Hablemos de estrés, de agobio y de salud mental.

La cuarentena está siendo mucho más larga de lo que en un principio creímos que sería. Los días han ido pasando y con ello han sido más y más los vídeos que se han subido a redes sociales, los posts y las stories que te decían cómo ser más productivo. Cómo hacer más. Y es que, parece que en esta cuarentena lo único que hemos de ser es productivos. Trabajar más y trabajar mejor. Estudiar más horas, más intensas y aprender mucho más.

Yo fui el primero que dijo que había que aprender, que había que estudiar. Tenía tantas ganas de comerme la cuarentena que acabé por atragantarme. Acabe por llenarme de estudios y de asignaturas hasta perder mis horarios.

Claro que no es algo que pasa de repente. Te prometes que cada día a las 20h dejarás de estudiar. Un día en vez de ser las 20 son las 20.30 pero es que tienes que terminar este escrito. Al día siguiente te dan las 21. Venga Guille acaba. Total, esta página es ya la última que te queda por hoy. Una semana después la hora en la que realmente estás dejando de estudiar son las 9.30 y sin saber bien cómo ni porqué pocos días después acabas cenando en tu habitación con el Excel abierto en medio de una videollamada de trabajo.

Poco a poco vas viviendo menos para producir más. Para cuando quieres darte cuenta estás envuelto en un círculo vicioso de agobio, de dormir mal porque no consigues desconectar y sobre todo de no producir porque lo único que consigue tu cabeza es pensar de más.

Cada noche vas durmiendo menos y a penas consigues descansar. Vas dejando de comer y ya no encuentras horas para hacer deporte. Te pasas todo el día encerrado en casa y no consigues ni siquiera 30 minutos para caminar por el pasillo o para hacer unas flexiones. Te pasas encerrado en tu habitación casi todo el día. Sólo sales para comer y para alguna tontería más.

Es entonces cuando tienes que parar. Darle al pause, reflexionar y reiniciar.

De aquí en adelante voy a explicarte cómo yo he conseguido salir del pozo. De ese en el que nunca creí que entraría, pero en el que al igual que muchos acabé cayendo.

Lo primero de todo es aceptar que está bien no estar bien. Que puedes dejar del lado el fingir que todo va bien y el que cada vez que te pregunten no tienes que decir que estás bien si realmente no lo estás.

Para eso es importante que estés bien rodeado. Que tengas uno o dos amigos o familiares a los que llorarles y con los que desahogarte. Gente a la que de verdad puedes decirles que estás mal. Mal de cojones.

El segundo consejo es que te sientes delante de un folio y escribas lo que estás haciendo estos últimos días. Los trabajos que estás intentando completar y la fecha de entrega. Es muy habitual en estos casos (según he podido hablar con gente que sabe más del tema que yo) que, en momentos de estrés máximo, de agobio y de ansiedad perdamos la perspectiva y nos desordenemos. Mira a tu alrededor. Probablemente tu ordenador sea un jaleo. Es posible que hayas acumulado archivos y mas archivos que campan sin orden ni concierto por el escritorio. La mesa de tu cuarto está llena de papeles y te cuesta cada vez más encontrar las cosas.

Escribir todo por lo que estás pasando te servirá para poder organizar tu mente y con ella, tus acciones. Escribe cómo te sientes. Lo que te agobia y lo que no te deja dormir.

Tómate uno o dos días libres. Dos días sin móvil o por lo menos sin nada que tenga que ver con la universidad, el trabajo o a lo que sea que dediques. Es probable que al principio te cueste. Que tengas el instinto de mirar el correo, el grupo de clase o de preguntar a tu grupo a ver cómo van con ese trabajo que tenéis que entregar. Puede que incluso te sientas culpable por no estar haciendo nada mientras tus compañeros siguen estudiando.

Lo importante aquí vuelve a ser ordenarte. ¿Sabes cuando se te rompe el ordenador y lo apagas y enciendes? Pues es momento de que te apagues. Que dejes que todo lo que hay dentro de ti se enfríe y repose. Que tu mente se calme para poder volver a empezar.

Para ello, no hay mejor herramienta que dedicarte dos para ti mismo. Días de leer, de escuchar música, de mirar videos, de dibujar o de cualquier cosa que realmente te haga feliz.

Cuando hayas sentido que has recuperado fuerzas o que empiezas a estar preparado vuelve a sentarte delante de un folio, pero esta vez para organizarte. Escribe nuevamente lo que te queda por hacer y cuándo tienes que entregarlo.

Al día siguiente al levantarte planea tu día. Empieza poco a poco. Ponte sólo 2 o 3 tareas para cumplir. Según vayas cogiendo ritmo podrás ir añadiendo más. Es mejor que en estos primeros días te metas a la cama sabiendo que has sido capaz de cumplir todo lo que te has propuesto para el día. Si te pides demasiado tienes dos opciones. Que te vuelvas a meter a la cama muy tarde y no descanses o que, aunque te metas a la hora normal tu cabeza no deje de pensar en todo aquello que tenías que haber hecho y tampoco consigas descansar.

Poco a poco vuelve a coger la rutina. Fíjate horarios para comer, para dejar de estudiar o de trabajar, para hacer deporte y desconectar. Pero sobre todo cúmplelos. No hay excusa que pueda impedirte dejar de trabajar. Créeme, ese trabajo que estás haciendo a las 11 de la noche puede esperar a que lo termines al día siguiente a las 9 de la mañana. Además, a la mañana estarás descansado y con la mente más fresca así que lo que hagas será de mejor calidad.

Ya para ir terminando quítate de la cabeza el estigma de que cada día has de ser productivo. Habrá días en que no salgan las cosas y no pasa nada. Llegarán otros mejores. Otros en los que los balances por fin te cuadren y en que memorices las diapositivas sin tanto problema.

No necesitas aprender un nuevo idioma ni a tocar un instrumento. Si puedes, adelante, vete a por ello. Pero no te lo pongas como una obligación que te frustre de no conseguirlo.

Y, sobre todo, y con esto termino, si necesitas ayuda pídela. Pero pídesela a alguien que sepa. A un psicólogo o a un psiquiatra. No tengas miedo de decir que estás mal. Es humano estar mal y seamos sinceros, si estás leyendo esto la probabilidad que hay de que seas humano es bastante alta.

Para cualquier cosa puedes escribirme en redes sociales o en guillermomartin@opendeusto.es además de en los comentarios de este post.

 

Un abrazo!

¿CÓMO SOBREVIVIR Y HASTA DISFRUTAR DE LA CUARENTENA?

Cómo creo que no hay mejor momento para instaurar rutinas que el inicio de una nueva semana, aquí van algunos de los consejos o trucos que a mi me están haciendo no sólo ser más productivo sino también hasta disfrutar de estos días de cuarentena.

Establece una rutina. Levántate cada día a la misma hora. Date una ducha, vístete, desayuna y ponte a trabajar/estudiar como si fuera un día normal. Se acabó eso de levantarse a menos cinco y hacer la croqueta al ordenador para conectarte a la clase virtual. Si consigues hacer cada día lo mismo, tu cuerpo lo interiorizará y se te hará mucho más fácil.

Fíjate horarios. Estar en casa todo el día no implica estudiar/trabajar todo el día. Al igual que en períodos normales tienes tus horarios, ahora también deberías. Fíjate un horario y cuándo éste acabe cierra el ordenador y disfruta de tus hobbies. Para mí, por ejemplo, a partir de las 8 se acabó todo lo que tenga que ver con la universidad. De ese momento en adelante hago deporte o miro series.

Ponte metas. Al igual que te fijas horarios fíjate metas. Cosas o tareas que sí o sí debas tener hechas para el final del día. Escríbelas y vete tachando cuando las vayas cumpliendo. Esto, te ayudará a tener una visión más global y estructurada del día.

Haz deporte. No se trata de convertirse en el próximo Alberto Contador o en culturista, pero ya que es probable que Netflix te atrape y pases más tiempo del habitual sin moverte, intenta hacer, aunque sean 30 minutos al día de ejercicio. Desde unos abdominales a unos estiramientos pasando por un ratito de rodar el en rodillo.

Aprende algo nuevo. Siempre nos quejamos de no tener tiempo. Ahora que te organizas tú prácticamente las 24 horas del día reserva una horita cada día para hacer algo que siempre hayas querido. Cocinar, aprender un nuevo idioma con Duolingo, apuntarte a clases online de un instrumento o aprender a programar. Todo eso que siempre querías, pero para lo que siempre encontrabas una excusa.

Las video-cervezas como deporte nacional. Estar en cuarentena no implica dejar de verte con tus amigos o disfrutar de una cerveza, aunque sea a través de una pantalla. Saca un ratito para verles, reírte con ellos o desconectar.

Haz listas. Listas de cosas que hacer antes de morir, listas de hacer nada más acabe la cuarentena,  planes con tus amigos o hasta planes de futuro. Mantén tu cabeza ocupada.

Dale una oportunidad al Mindfulness. Dale una oportunidad a la meditación, a desconectar tu mente y a relajarte. Es posible que tiempos como este de cuarentena se te estén haciendo duros. La meditación y el descanso de la mente pueden ayudarte. Además, no pierdes nada por probarlo.

Relativiza. Sé consciente de que, aunque haya momentos de más bajón, es normal. No estamos acostumbrados a estar encerrados tanto tiempo, pero en el fondo, no es más que estar en tu casa con tu familia unos cuantos días.

Mirar noticias sí, pero no todo el día. Mirar noticias y estar informado claro que es importante. Pero entrar en un bucle infinito de malas noticias no nos va a hacer ningún bien. Así que míralas por la noche o por la mañana. Tal vez cada dos días incluso.

¿Y tú, que trucos usas?

QUÉ BAJO TENEMOS EL JAMÓN.

Se ha decidido aplazar selectividad, así como modificar el modelo de examen. Ahora, en vez de elegir entre A o B, se podrá hacer las preguntas que convenga a cada alumno. No lo critico.

Se han suprimido o, al menos se intentará, las evaluaciones de diagnóstico de cursos como primaria o la ESO. Tampoco lo critico.

Se va a pactar que las horas de prácticas sean inferiores pero que los alumnos de FP no tengan que ir a septiembre. Me parece justo.

Mientras tanto, a los universitarios se nos está ahogando a correos. Diarios. La carga de trabajo se ha triplicado. Se siguen los mismos criterios de evaluación (ejemplo: límite temporal para entregar las prácticas) que si fuesen clases presenciales aun cuando la mayoría de los profesores remiten a manuales o apuntes y nos hemos tenido que volver autodidactas.

Se nos pide paciencia, que sigamos trabajando (por nuestra cuenta claro) y que no le exijamos más porque no puede. Eso sí, nosotros hemos de estar 24 horas los 7 días de la semana pendientes de nuevos mensajes porque ya no hay horario. Que seamos comprensivos con la situación, pero se están olvidando de la nuestra.” 

He descubierto por casualidad este texto en redes sociales y me apetece comentar lo que opino al respecto. Es probable que muchos no opinen como yo o no quieran opinar. Pero, hay algo que sí tengo claro. Toda opinión merece ser escuchada, así que aquí va la mía.

Para empezar, creo que no es comparable. No es comparable el colegio, la educación primaria y la secundaria con la universitaria. El primer motivo es que las dos primeras son obligatorias. La tercera, en cambio, no deja de ser perseguir de forma voluntaria una educación superior y, por ende, el esfuerzo necesario para poder considerarse graduado en alguna materia ha de ser superior.

En segundo lugar, las edades y madurez habitual de las personas del colegio y de la universidad son sin duda diferentes. Creo que se ha puesto “de moda” acudir a la universidad y como la mayoría de la población lo hace hemos perdido de vista lo que realmente significa ser graduado en algo y el esfuerzo que conlleva.

En tercer y para mí, más importante lugar, estamos muy mal acostumbrados. Hay una expresión que mi padre me suele decir que reza lo siguiente: “tenéis el jamón bajo”. La finalidad de dicha expresión es argumentar que todo lo tenemos muy fácil. Nos hemos acomodado y ablandado. En cuanto algo parece complicarse mínimamente creemos que es el fin del mundo.

Sin embargo, si realmente tuviéramos que currarnos cada día las cosas, si tuviésemos que luchar y trabajar lo que realmente es necesario para ser graduados, o expertos en una materia pensaríamos diferente.

Hasta ahora, hemos vivido en la comodidad. En ir a clase, en que el profesor nos de la misma, nos recomiende ciertos materiales o nos envíe ejercicios. Practicar, estudiar, hacer el examen y generalmente aprobar. Sin embargo, eso no debería ser así.

Nos quejamos siempre del sistema educativo. Yo el primero. Pero no hacemos nada para cambiar la situación. Ahora tenemos nuestra oportunidad. Ahora, por fin tenemos tiempo de sobra para leer libros, buscar artículos o ver videos. Acudir a la bibliografía recomendada y por fin, aprender.

Claro que he sido el primero en criticar el sistema online de mi universidad. Pero lo que no había hecho era cambiar el chip. No había pensado que esta era por fin una oportunidad de aprender. De documentarme y de pensar. De volver a ser autodidacta. Claro que es complicado, pero nada que valga la pena será fácil.

Volvamos a Estados Unidos, volvamos a Berkeley. Allí, no me quedó otra opción. Claro que ibas a clase, claro que el profesor te daba materiales, pero con eso no era suficiente.

Algo que me fascinó fue que si querías aprobar era necesario aprender. Es momento de volver a ese cauce. De usar y disfrutar de los profesores, pero sobre todo de disfrutar del trabajo que requiere graduarse en algo.

Y sí, claro que hay excepciones. Si necesitas un laboratorio que no tienes en casa y al que no tienes acceso, evidentemente se te debe ofrecer una solución. Pero en general creo que lo que deberíamos hacer es quejarnos menos y aprovechar más.

En el próximo post haré un breve comentario de técnicas o herramientas que a mí me han o me están ayudando a ello.

DECÁLOGO PARA UNA VIDA MÁS SALUDABLE.

Para este 2019 me propuse solo una cosa. Vivir de forma más sana. Pero esto, como todo es algo que ha de trabajarse y requiere esfuerzo, mucho esfuerzo. Así que a continuación, os dejo un decálogo de hábitos que te harán tener una vida más saludable.

  1. Mens sana in corpore sano. Hasta ahora, al hablar de salud solo pensaba en encontrarme bien fisicamente. Sin embargo, poco a poco he ido aprendiendo a que estar bien mentalmente es tan importante o incluso más que estar bien fisicamente. Para ello, pretendo introducir en mi vida ratos por ejemplo para la meditación o para reflexionar.
  2. Ordena tus pensamientos y tareas: Gracias a las To-Do List conseguí estructurar cada uno de mis días, y lo que pretendo ahora es conseguir que en lugar de compartimentos estancos cada uno de esos días vayan de la mano con alcanzar mis metas. Para ello sin embargo, tengo que evaluar cuales son mis metas y para tal fin trataré de responder a un par de preguntas. ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿A dónde quiero llegar? y ¿Cómo lo consigo? Una vez respondidas enfocaré toda mi energía y todos mis esfuerzos en lograr aquello que me haya propuesto.
  3. ¿Urgente o importante? Muchas veces, no somos capaces de diferenciar entre urgente e importante y cuando se nos acumulan las tareas colapsamos. Por ello, quiero aprender esta destreza que creo que puede ser muy positiva. Sin duda, va muy de la mano con el primer apartado.
  4. Deja tiempo para ti. Son muchas las veces en que vivimos demasiado centrados en estudiar, trabajar, ponernos en forma… pero no dejamos absolutamente nada de tiempo para hacer aquellas cosas que nos hacen realmente felices. Por lo tanto, dedicaré algunos huecos a lo largo del día para mi. Para escuchar música, ver películas, aprender algo que siempre haya querido… ¿Y tú, dejas cuanto tiempo te dedicas al día a ti mismo?
  5. Relativizar: Son muchas las ocasiones en las que no sabemos darle a las cosas la importancia que realmente tienen y por ello nos ofuscamos, agobiamos o lo pasamos mucho peor de lo que realmente deberíamos. No olvidemos que en 20 años ni siquiera nos acordaremos de aquello que hoy tanto nos preocupa.
  6. Descansar. Algo que ha brillado por su ausencia en mi vida hasta ahora ha sido el descanso. Me he querido comer el mundo -cosa que sigo queriendo- pero al hacerlo sin ningún tipo de guión o programa, se me atragantó. Han sido muchas las buenas costumbres que he ido perdiendo, pero una de las que más me ha lastrado ha sido sin duda la falta de descanso. Para poner fin a este problema cada día me obligaré a dormir un mínimo de 8 horas.
  7. Reír, reír mucho. El fin último en la vida de todo ser humano es ser feliz, y pese a que cada persona tiene una definición de felicidad diferente, para alcanzarla, sea cual sea, es imprescindible reír. Reír sin parar.
  8. La comida es nuestro cargador. Cada día cargas tu móvil, el ordenador, el iPad e incluso los auriculares. ¿Pero pones el mismo empeño en cargar tu cuerpo? Yo sin duda hasta ahora no lo hacía, así que he decidido comer más sano. Tampoco quiero obsesionarme con la nutrición sino simplemente aportar a mi cuerpo todos los nutrientes que necesita.
  9. Deporte: Deporte sí, pero al igual que con la comida, sin obsesionarse. Ejercitarse es bueno no solo físicamente, sino porque durante ese rato de correr, ciclismo o tenis no estarás pensando en los marrones del trabajo o de la universidad. Te servirá de parapeto y te permitirá coger aire para una vez terminada la sesión volver al trabajo con más fuerza!
  10. Leer más, vivir menos conectado. Cada día vivimos más pegados a pantallas. El ordenador, la tablet, la televisión o el móvil nos acompañan cada día y solo fomentan la más insana competitividad entre personas y nos hacen perder muchísimo tiempo. Por eso, mi recomendación y reto es minimizar el tiempo que «pierdo» entre pantallas al estrictamente necesario. Para ello, he decidido por ejemplo aprovechar los ratos en el metro para leer en lugar de para mirar mis Redes Sociales. Busca una temática que te atraiga o que simplemente te distraiga, un asunto que te fascine y deja que el libro te engulla en su trama.

¿Y tú qué vas a hacer para tener un año más saludable?

CÓMO SOBREVIVIR AL PERIODO DE EXÁMENES

Llega diciembre y con él los temidos exámenes finales. Muchos de los que me leéis acabáis de empezar en la universidad así que es probable que estéis agobiados no solo por la cantidad de materia que tenéis que estudiar sino porque no sabéis cómo estudiarla o cómo son los exámenes en la universidad. A continuación, os explicaré algunas claves que a mi me han ayudado a sobrevivir y sobretodo, a aprobar todas las asignaturas con notas razonablemente buenas. ¡Sigue leyendo para descubrir estos trucos que a mi tanto me han ayudado!

Para mi, la principal clave a la hora de afrontar la época de exámenes es sin duda el descanso. Es algo que me han inculcado desde pequeño y aunque trate durante el año de dormir 9 horas diarias, en periodo de exámenes intento no dormir nunca menos de 8. Puede parecer una tontería, pero en la universidad, el periodo de exámenes dura aproximadamente un mes, por ello, si empiezas a acumular cansancio por quedarte hasta tarde a estudiar probablemente a la tercera semana seas más zombi que persona y, por ende, tu rendimiento probablemente baje muy mucho.

Nutrición. Es importante comer bien y es que si bien es cierto que en todas esas tardes en las que pasas horas encerrado en la habitación o biblioteca no hay nada que pueda alegrarte más el estudio que una bolsa de gominolas o un paquete de patatas, es importante que en lo que a las principales comidas respecta, comas bien. Aunque no te lo creas, estudiar es casi tan exigente como hacer deporte ya no solo mental sino también físicamente, y por ello, como si de un deportista se tratase, es importante nutrirte bien para que tu rendimiento sea el óptimo. Al final la comida es la gasolina que le das a tanto a tu cuerpo como a tu mente.

Organización. Es posible que hayas leído ya el post de las to-do list, pero si no, te animo a leerlo pues en época de exámenes en las universidades no hay clase, tienes por medio las navidades… y es muy probable que de no tener un plan de estudio acabes encontrando mil cosas que hacer y que te encuentres dos días antes de cada examen con toda la materia aun sin estudiar. Por ello, mi consejo es que te organices, que dejes por escrito cuánto tienes que estudiar cada día, los trabajos que te quedan por entregar y las fechas de los exámenes.

No todo es estudiar. Mucha gente entiende que en época de exámenes no hay hueco para tomar una cerveza con un amigo o para bajar a entrenar. Sin embargo, según mi experiencia es muy positivo que te dosifiques. Si tienes una buena organización hay tiempo para todo, por ello, si estudias por la mañana por ejemplo de 9 a 2 y por la tarde de 4 a 8, habrás sacado 9 horas de estudio y aun así tendrás tiempo bien antes de empezar a estudiar o bien a las 8 cuando termines para ir al gimnasio, salir a correr, tomar una cerveza o cualquiera que sea tu modo de desconectar. Es importante que nuca pierdas de vista que son unos exámenes, no es el fin del mundo. Has de aprender a relativizar y darles la importancia que tienen.

¿En casa o en la biblioteca? Muchos os preguntaréis a ver donde es mejor estudiar si en tu casa o en la biblioteca. Pues bien, lo cierto es que no existe una respuesta correcta para todos. En mi caso personal, soy más de biblioteca para estudiar las asignaturas de “hacer” como matemáticas, econometría o estadística y más de casa para aquellas como derecho o historia. Mi decisión para ir o no a la biblioteca se basa sobretodo en el provecho que le saco a las horas de estudio que invierto allí. Por ello, has de ser tú mismo quien valore que te compensa más. Si ir a la biblioteca o quedarte en casa. Mira las distracciones que tienes en cada sitio y escoge aquella que te convenga más. Y sí que es importante que te conozcas a ti mismo pues por ejemplo, aunque a priori la biblioteca te parezca más atractiva… ¿eres consciente del tiempo que pierdes en el descanso para desayunar, el café de media mañana, acompañar a Claus a que se fume un cigarrillo…?

¿Ordenador o papel? Otra pregunta que me hacéis con cierta frecuencia es a ver qué es mejor si estudiar desde el ordenador o en papel. Como en el caso anterior, no existe una respuesta válida. Yo soy más de papel y boli pero porque me gusta hacer mis anotaciones, mis dibujos, subrayar… pero hay veces en que por ejemplo cuando lo que tengo son exámenes de años anteriores y tan solo necesito el enunciado no lo imprimo sino que lo miro en el ordenador. No obstante, es importante darse cuenta de que el ordenador es una fuente de distracción. Instagram, YouTube, Whatsapp, Facebook, Netflix… y es clave como mencionaré en el punto siguiente deshacerse lo máximo posible de las distracciones.

Distracciones, ¿cómo evitarlas? Vivimos rodeados de distracciones. Las más evidentes tal vez sean el móvil o el ordenador, pero… ¿cómo podemos hacerles frente? La respuesta clásica podría ser deshaciéndote de ellos. Apagándolos mientras estudias, dejarlos en otra habitación… sin embargo, esto cada vez resulta más complicado por dos motivos. El primero es que cada vez más y más recibimos los apuntes o hemos de hacer los trabajos a ordenador. El segundo es la creciente adicción del adolescente medio a la tecnología. Cada vez somos más a los que nos cuesta despegarnos del móvil, aunque sea solo durante unas horas. Por ello, la opción de apagarlo suele ser complicada. No obstante, para ser capaz de hacerle frente a esta amenaza yo soy más de organizarme el estudio dejando un tiempo para el móvil. Planifica tus descansos de manera que puedas usar el móvil o el ordenador. Pero cuidado porque puede que lo que tenías pensado que fuera un descanso de 5 minutos se convierta sin darte cuenta en uno de 30.

El día del examen. Llega el día del examen, probablemente estés nervioso, por ello, el trabajo tiene que estar totalmente hecho. Es casi seguro que si intentas sentarte a estudiar tu rendimiento sea menor del esperado así que como mucho haz algún que otro repaso, pero no dejes cosas por estudiar para el último día. Levántate con calma, desayuna bien, intenta estar tranquilo. Lleva a cabo una rutina. Lo de la rutina es puramente psicológico, pero a mi por lo menos me ayuda y estoy seguro de que a ti te puede ayudar también.

Yo, por ejemplo, los días de examen trato siempre de ir al examen con música escuchando siempre la misma playlist. Jamás llevo los apuntes al examen. 15 minutos antes de empezar el examen apago el móvil evitando así posibles distracciones, nervios, dudas de última hora… y por último, la rutina más extraña que tengo es que trato de hacer el examen con el mismo bolígrafo con el que he estudiado dicha asignatura.

En el momento en que llegas a la universidad el ambiente en general suele ser de tensión y nerviosismo. Por ello, trata de no hablar del examen, habla de otros asuntos, cuenta chistes… en definitiva, no pienses en el examen. Recuerda que tu trabajo está ya hecho.

Cree en ti. Sabe que has hecho todo lo que estaba en tu mano, has trabajado duro. Ahora solo es momento de demostrar todo lo que sabes. Intenta estar lo más tranquilo posible y confía en ti mismo.

¿Y tú? ¿Qué técnicas o recursos sueles usar a la hora de plantarte frente a la época de exámenes?