Momentos que hay que vivir. 

Que sería de nuestra infancia sin momentos como la cabalgata, el poner las galletas, la leche… Sin los nervios antes de despertarnos y antes de dormir… Y, todo porque? Porque al día siguiente vienen los reyes magos. Esos magos de Oriente que hace mucho llevaron a Dios regalos para celebrar su nacimiento
Hay momentos que todos tenemos que vivir. Momentos como los y citados, momentos tristes, momentos alegres, momentos emocionantes… Mil momentos se me ocurren. Cuando se te cae el primer diente, cuando descubres que ha llegado el ratoncito Pérez… Sin embargo, también hay que pasar por otros momentos menos buenos. No olvidaré el momento en el que mi madre me dijo, Guillermo, tengo una cosa que decirte. Sin titubeos, simplemente me dijo, bueno, ya eres mayor y tienes que saber que los reyes no existen. Puede que ya lo oigas al resto de niños en el cole, y aunque te cueste creerlo, tienes que saberlo. 

Son momentos que te marcan, quizás te caen unas lágrimas, y, es que al fin y al cabo son unas palabras que marcan tu infancia. Un antes y un después. Una vez te han dicho eso, tu percepción de las navidades cambia. Pero, seguramente tu ilusión por su llegada no. Tu ilusión sigue año tras año, sigues yendo a la cabalgata, sigues chillando como el que más, buscas ese saludo de melchor. Al llegar a casa tienes tantos nervios como cuando no sabias nada. 

En definitiva, las palabras, son solo eso, palabras. Las ilusiones siguen ahí, y al fin y al cabo somos niños y los niños necesitamos sueños e ilusiones para vivir. 

Como pasa el tiempo…

Es increíble cómo pasa el tiempo. Pensar que hace no mucho nos dedicabamos a hacer aviones de papel, pintar sin salirnos de las líneas, jugar en el parque con tus amigos. Esas porterías improvisadas con dos abrigos, ese duro momento en el cual el balón se quedaba debajo de un coche… Y ahora, ahora todo es diferente. Estudios, responsabilidades… todo ha cambiado. Hemos cambiado el partido de fútbol en el parque por el gimnasio, el no salirnos de las líneas al dibujar por proteínas, sintaxis o integrales. En vez de construir aviones de papel construimos gráficas…

tumblr_m0zy24bdkh1r1c6jgo1_500.jpgLo más impactante es sin embargo  cómo han cambiado los niños. Con 12-13 años todos tienen móvil, porque sino no eres guay. Van a discotecas a las sesiones Light, beben, algunos fuman… ¿Qué clase de generación estamos creando? Evidentemente no todos son así, pero, la mayoría, debido a las presiones sociales y aunque no les guste tienen que hacer este tipo de cosas para que no les tachen de raros y los marginen. ¿De verdad esta es la juventud que querriais para vuestros hijos? Yo, desde luego que no.

Si esta es la infancia que viven ahora los niños algo no va bien. Algo ha cambiado y a mi, sinceramente me parece que ya tendrán tiempo de hacer todas esas cosas que intentan hacer con 12 años.

Llenad vuestra mente de recuerdos, cosas de las que cuando seas más mayor estes orgulloso no de cosas de las que te arrepientas. Si aún tienes la suerte, disfruta mucho la infancia porque es el momento al que casi todos volveríamos.

Cuán afortunados somos.

¿Os dais cuenta de lo afortunados que somos? ¿La suerte que tenemos? Muchos de nosotros hemos dicho o decimos con frecuencia que algo es una mierda, nos quejamos por cualquier cosa… Pero muy pocos son los que valoran la suerte que tenemos. Me explico, si abrimos un grifo sale agua de la que podemos beber. Si apretamos un interruptor se enciende una luz. Si tenemos hambre es cuestión de abrir la nevera y comer hasta saciarnos. Si tenemos frío encendemos la calefacción. Si tenemos sueño podemos dormir en una cama…
Son cosas que muchos consideramos como evidentes o cosas que todo el mundo tiene. Eso creemos, pero estamos muy equivocados. Millones de personas cuando tienen hambre no tienen nada que llevarse a la boca, no tienen una cama donde dormir, tampoco una calefacción y en muchos casos ni siquiera tienen agua para beber. 
Pese a que en muchos momentos nos creamos unos desgraciados, pensemos que todo nos vaya mal. Mientras estemos pasando una mala racha. Durante los momentos duros en vez de pensar que somos unos desgraciados démosle la vuelta a la tortilla y pensemos que aunque ese examen me haya salido mal, aunque no tenga demasiados amigos… Tengo cosas que hay gente que mataría por tener. Cosas que yo doy por hecho pero que no debería. Cosas que debemos aprender a valorar más. 
Somos afortunados, podemos ir al colegio, aprender materias nuevas cada día, tenemos una familia a la que contarle los problemas cuando los tenemos y que nos ayuden con ellos… Somos verdaderamente afortunados. Demos gracias por ello! 

Ser joven no es fácil 

De verdad todo lo que hacemos merece la pena? Todo el esfuerzo que empeñamos, todas las horas de trabajo, de entrenamiento, de sufrimiento, de desear que todo acabe… Todo. Vale la pena? Todo para que? Para sacar una buena nota en esto o en aquello, para ser mejor en una cosa o en otra… 
Vivimos en un momento en el cual lo único que importa si eres joven son las notas. Tener mejor media que los demás. No estudiamos para aprender, estudiamos para sacar buena nota. Nos sacrificamos de mil cosas todo para sacar una media que dependiendo de la carrera a la que pretendas entrar es casi imposible llegar. 
Si no llegas a esa nota media eres un fracasado. Te preguntarán que como no lo has conseguido. Probablemente tú seas el primero en preguntártelo. 
Somos jóvenes, siempre está el tópico de que todos los jóvenes somos unos pequeños delincuentes, que si robamos, que si pintamos las paredes… Pero no es cierto. Evidentemente hay jóvenes que hacen este tipo de cosas pero, también hay adultos que cometen este tipo de delitos e incluso más graves. Sin embargo, de los adultos no se tiene esa visión. 
Somos jóvenes, tenemos derecho a tener vida más allá de los estudios. ¿Por qué no nos dejáis? Pero bueno, la vida son etapas. Y esta, es solo una de ellas. Hay que saber sacar partido de todas y cada una, en todas se aprende algo, en todas se mejora algo. Por muy duro que sea, esto es lo que nos curte. 

MOMENTOS QUE TE MARCAN

En el artículo de esta tarde voy a hablar sobre un chico que conocí en Lourdes (Francia) la semana pasada y que la verdad que me enseñó muchísimo. A todos aquellos que me seguís en Facebook ya os adelante que algún día escribiría sobre esta historia y bueno, ha llegado el día.
Como ya sabéis algunos, el fin de semana pasado tuve la posibilidad de ir a Francia ayudar a aquellos que más lo necesitan. La verdad es que es una experiencia increíble y que si puedo no dudaré en repetir tantas veces como sea posible. Hice muchas cosas pero la verdad que si tengo que destacar una, fue esa tarde que pasé con Alex. Un niño de nueve años que tan sólo tenía medio corazón.
Nuestro encuentro ocurrió por casualidad, estaba  volviendo con Jorge Ugalde cuando de repente sus abuelos me pidieron a ver si le podía llevar a su nieto. Sin pensármelo dos veces dije que si sin embargo, no sabía que este chico tenía ningún problema ni que me iba enseñar tanto como me acabo enseñando. No iba solo yo con él, también iba una chica de un año más que yo que me pareció una tía increíble. para aquellos que no lo sepáis los camilleros que es como nos llaman a algunos de los de los voluntarios tenemos que en una especie de sillas de ruedas llevar a los enfermos a donde ellos nos dicen, o a la misa, o al lugar en el que haya algún evento. Esa tarde había una especie de misa en una iglesia subterránea a unos 10 minutos de donde se alojaban los enfermos que era también el punto de partida de todas nuestras rutas. Una vez Alex se montó en el carro le empezamos A llevar con el resto de los niños. Alex no aparentaba ninguna discapacidad física hablaba, reía e incluso sabía más que yo de muchas cosas. Una vez llegamos a la iglesia la abuela me dijo que por favor cuando pasase el sacerdote con la forma hiciese que Alex se santiguase. Después de decirme esto se volvió con su marido al banco en el que se habían sentado nada más llegar.
Os estaréis pensando que qué tiene de especial esto que os estoy contando. Muy simple, esa sonrisa que no se le borraba de la cara a nuestro pequeño amigo ni tampoco a su familia a pesar del serio problema que tiene.
Una de las cosas que más recuerdo es que el carro se dirige con una especie de palanca que se puede mover hacia adelante y hacia detrás del modo que la puede conducir el que está sentado O el camillero que le lleva. En teoría sólo pueden dirigir el carro los camilleros pero con Alex hicimos una excepción. Le dejamos la palanca y él era quien dirigía. Le dijimos que si la levantaba el carro se frenaba y que si la bajaba por el contrario aceleraría. No podré olvidar en mucho tiempo la cara de velocidad, de concentración pero sobre todo esa sonrisa de oreja a oreja que no se le borró en toda la tarde.
Es increíble, pero es cierto aquellos que más problemas tienen son los que al fin y al cabo son más felices. Manda narices.