Que sería de nuestra infancia sin momentos como la cabalgata, el poner las galletas, la leche… Sin los nervios antes de despertarnos y antes de dormir… Y, todo porque? Porque al día siguiente vienen los reyes magos. Esos magos de Oriente que hace mucho llevaron a Dios regalos para celebrar su nacimiento
Hay momentos que todos tenemos que vivir. Momentos como los y citados, momentos tristes, momentos alegres, momentos emocionantes… Mil momentos se me ocurren. Cuando se te cae el primer diente, cuando descubres que ha llegado el ratoncito Pérez… Sin embargo, también hay que pasar por otros momentos menos buenos. No olvidaré el momento en el que mi madre me dijo, Guillermo, tengo una cosa que decirte. Sin titubeos, simplemente me dijo, bueno, ya eres mayor y tienes que saber que los reyes no existen. Puede que ya lo oigas al resto de niños en el cole, y aunque te cueste creerlo, tienes que saberlo.
Son momentos que te marcan, quizás te caen unas lágrimas, y, es que al fin y al cabo son unas palabras que marcan tu infancia. Un antes y un después. Una vez te han dicho eso, tu percepción de las navidades cambia. Pero, seguramente tu ilusión por su llegada no. Tu ilusión sigue año tras año, sigues yendo a la cabalgata, sigues chillando como el que más, buscas ese saludo de melchor. Al llegar a casa tienes tantos nervios como cuando no sabias nada.
En definitiva, las palabras, son solo eso, palabras. Las ilusiones siguen ahí, y al fin y al cabo somos niños y los niños necesitamos sueños e ilusiones para vivir.
parece un planazo. Pongamos otro día, un domingo a la tarde, hace sol. Coges el long, te montas en el metro y te vas a Sopelana, a Bakio o a cualquier sitio que te guste, te pones los cascos y disfrutas del paseo, notas como te acaricia el aire en la cara, ves como la naturaleza de alrededor se queda atrás. Y así, pasa la tarde, saliste de casa a las 17:00 y son las 20:00 y no te has ni enterado, vas a una playa