Romperse.

Guillermo, tienes que ser positivo, no lo olvides nunca. No dejes de confiar en ti. No dejes de creer en ti y en tu recuperación. Sabías que el camino sería duro, pero no creías que tanto.

De pequeño, te gustaba llamar la atención, querías llevar escayola o robarle las muletas a algún compañero de clase; y ahora es a ti al que van a querer quitar la silla de ruedas. Tienes gente maravillosa a tú lado y gente que empieza a entrar en tu vida.

Eres un tipo afortunado, pero de vez en cuando también es normal derrumbarse, y es normal llorar, y querer meterme en la cama y no salir y pensar que por qué a mí. Sé que todo esto es normal, pero es duro. Y aunque sabía que costaría me está costando mucho más de lo que me esperaba.

Y joder con la cabeza; qué difícil es de entender. Qué difícil es de explicar y sobretodo de controlar, pero en cambio, que fácil es pasar de estar totalmente arriba a hundirse. Uno sabe que no debe hundirse, pero a veces la cabeza no aguanta.

No entiendes por qué no eres capaz de andar, no entiendes por qué tienes que apoyarte en una maldita silla de ruedas para moverte o por qué días como hoy tienes aun menos equilibrio y te cuesta hasta recorrer el pasillo de tu casa.

No lo entiendes pero sucede, y tienes que afrontarlo, y lo prometiste, le diste la mano a tu padre, le dijiste que juntos saldríais de esta, le dijiste a Alfonso que en Verano echaríamos una carrera y a Gon que jugarías con él a pádel.

Pero por muy positivo que sea, querida cabeza por favor, de vez en cuando dame un respiro.

Día 6:

El día 6 por la tarde conocí a mi nuevo compañero; un tipo cuyo nombre no soy capaz de acordarme y pero que trabajaba en banca en el Santander. Tendría treinta y pocos y no dijo una palabra hasta varias horas después de que lo ingresaran. Mi primera impresión sobre él no fue demasiado buena, y la noche digamos que fue un poco dura, pero claro, a la mañana siguiente me enteré de los dolores tan brutales que sufría y mi imagen cambió radicalmente.

También me aguantó una noche porque ese día se lo llevaron a la planta de abajo, que estaban más especializados en este tipo de dolores.

Ese día, me hicieron una nueva prueba, prueba, que por cierto me dolió bastante. Me hicieron una punción lumbar, que viene a ser que te ponen en posición fetal, y cuando estás totalmente vendido te dan dos pinchazos en medio de la columna vertebral. El primero, la anestesia, el segundo, la propia punción.

Esa era ya la ultima de las pruebas, así que solo quedaba esperar. Además, si daba todo correcto el viernes me darían el alta y me iría a mi querida casa al fin. Y no sabéis las ganas que tenía de eso, así que seguían llegando buenas noticias.

DÍA 5

 El día 5 fue un día raro. Me desperté especialmente drogado por la medicación, pero aun así me sentía bien, Paseé la noche dormí con un compañero nuevo, otro más. Éste había tenido un problema de corazón, y vino a urgencias creyendo que le estaba dando un ictus, le hicieron las pruebas y salió que todo estaba bien así que a media mañana se fue.

Aún quedaba un tercer compañero de habitación por llegar, pero a él le conoceréis más adelante.

Como os he dicho, y aunque me grité para soltar la rabia con mi padre, salí al pasillo y caminé hasta no poder aguantar más. ¿Os acordáis que os dije que el primer día anduve medio pasillo? Pues aquel día anduve 6 yo solito, sin agarrarme. Eso sí, según llegué a la habitación me metí a la cama y me quedé dormido.

Este, fue el primer día en que lloré a una enfermera. Me bajaron a hacerme las 3 pruebas del cerebro, y una hubo que repetirla porque no tenía demasiado buena pinta. Fue entonces cuando decidí llamar a una enfermera de estas mayores, de las que hablan contigo mientras esperas, de las que notan que estás asustado, le di un abrazo y rompí a llorar.

Subí a la habitación, había estado cerca de 3 horas fuera y como no; me quedé dormido.

Los días en el hospital se iban acabando, pero si queréis saber cómo siguieron tendréis que esperar a los próximos postas.

Muy corto inciso.

A raíz de lo que me ha pasado en las piernas algunos me habéis llamado héroe, ejemplo o inspiración. Nada de eso.

Yo siempre me salí del camino habitual, fui cogiendo mis pequeños atajos y dándome mis pequeños guantazos. Algunos, no tan pequeños, pero pronto aprendí a sacar lecciones de todos ellos y si hay algo de lo que me enorgullezco es de que me caractericen como un tío positivo.

Se que esto que me está pasando ahora es solo un bache en el camino. Se que voy a salir adelante, y se, que aunque a alguno os haya chillado, cada vez que me decís da un paso más, haz un esfuerzo más, aguanta un poco más de pie… lo hacéis por mi. Por esto este post es un agradecimiento.

En lugar de ser yo el héroe o el ejemplo lo sois vosotros, porque sin cada uno de los que formáis parte de mi vida, sin cada uno de los que me habéis escrito un mensaje por Instagram/whatsapp, sin los que me habéis llamado nada seria posible. Así que una vez más, gracias a todos de corazón.

Siempre fuertes y siempre unidos equipo.

Día 4.

El día 4 fue un día de despedida, me cambiaban de compañero, y aunque el que entró era un gran tipo no establecimos el lazo que establecí con Fernando.

Me hicieron alguna que otra prueba y pasaron muchas horas sin demasiado ajetreo.

Sin embargo, por primera vez a la noche me derrumbé, mientras tenía la vía cogida y me iba entrando la medicación rompí a llorar, abracé a mi padre y aunque no os lo creáis, creo que nunca me he sentido más protegido.

Tenía miedo, mucho miedo, y tenía agobio guardado dentro que tenía que salir por algún lado. Ese lado fueron las lágrimas. Había otras dos personas en la sala de visitas en la que estaba yo y les pedí perdón.

Una de ellas era una señora mayor que hacía sudokus, y me dijo, «hijo, no te preocupes, yo soy la primera que ha llorado, he tenido dos ictus. Me salen tumores con frecuencia y tengo lupus. Tengo más de 80 enfermedades. Es normal venirse abajo de vez en cuando»

¿Cuando te dicen algo así que puedes responder? Yo trate de dejar de llorar, pero no de abrazar a mi padre. Me pusieron la segunda dosis de medicación intravenosa y estuve un rato hablando con la señora; poco después me fui a la habitación y me dormí; como siempre después de un beso de uno de esos héroes que no llevan capa. Los padres.

En mi caso ha habido 4 superhéroes. Mis hermanas, mi madre y mi padre. Han estado ahí día tras día, momento tras momento, llorera tras llorera, bajón tras bajón y subida tras subida. Así que familia, se que ya lo sabéis, pero sin vosotros; yo no soy nada.