Antes de empezar quiero que sepáis que esto va con un poco de retraso, que hoy al fin me han dado el alta y que empieza ahora la recuperación que también os contaré por aquí.
El día 3 fue cuando me trasladaron de hospital. Allí, conocí a Fernando, mi compañero de habitación, pero como él siempre decía, «mi socio». La verdad que nos unimos bastante y lloramos juntos un ratillo.
Ferni, como le llamaba yo era un tipo amable, de Otxarkoaga que pulía relojes para Rolex. Pero sobretodo era un buen hombre. Le detectaron algo en la médula y mientras escribo estas lineas le estarán operando. No me cabe duda de que la operación habrá ido bien y que de aquí a no mucho volverás haciendo los relojes más famosos del mundo.
En cuanto a mi evolución, seguían metiéndome medicación intravenosa y los espasmos no remitían, eso sí, me pasaba drogado todo el día. Lo cual era una sensación un poco extraña.
Ese día conocí a Isabel, una señora a la que dedicaré un post entero porque me enseñó una lección que marcó mi vida.
Los médicos volvieron a examinar las pruebas y una vez más no encontraron nada nuevo, pero acabaron por descartar todas las enfermedades malas.
Papá se puso en modo sargento y me ayudaba a andar por los pasillos, aunque al principio no hacía ni medio apoyándome en las barandillas, conseguí acabar haciendo 6 yo solo sin apoyarme.
Quiero mandar un mensaje especial desde aquí a toda la familia Artaza, que sin tener por qué, se pasaron por mi habitación un par de veces para ver como iba mejorando y Jon siempre me animaba a seguir adelante. Así que tranquilos compañeros, que lo vuestro también terminará bien.