Día 1/365.

Lo prometido es deuda. Esta semana una nueva colaboración. Esta vez la más importante de todas las que hemos tenido. Texto cortesía de una Youtuber con cada vez más seguidores. Actualmente somos más de 3114 personas las que le seguimos en su canal y tiene mas de 124.000 visitas. Os dejo todas sus redes sociales por si queréis seguirle o contactar con ella!

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MI BOCADILLO DE PENSAR Y REFLEXIONAR.

La verdad que estoy muy contento de tener una nueva colaboracion en el blog. Esta corre a cargo de la persona que me inspiró a empezar y me animó al principio a seguir adelante. La persona gracias a la que este blog sigue aquí. Entrada por: Alberto Ahumada.

No se por qué será que los niños no se escapan de mis pensamientos. Todos los días salgo a la entrada de rehabilitación freno mi silla saco mi bocata y lo voy comiendo. Mi bocata de observar y reflexionar.
Veo entrar y salir a todo tipo de personas, muchos conductores de ambulancia haciendo de su trabajo rutina y evadiéndose de lo que ven. Los médicos, los fisios, enfermeras, auxiliares o celadores se evaden, para la gran mayoría es solo su trabajo, no se paran a pensar en la vida de los demás o en lo que ellos tienen para disfrutar. Los enfermos están en su mundo la mayoría centrados en ellos y los acompañantes centrados en el enfermo al que acompañan. Yo mientras como mi bocata y observo es como si nadie me ve, todo el mundo está a lo suyo. Pero los niños y las niñas que entran y salen me marcan. No se por qué es, y da igual la enfermedad o lesión que tengan. Será que les veo tan inocentes, tan indefensos, tan valientes y a la vez tan débiles, tan necesitados de ayuda, será que me siento identificado, que todos recordamos nuestra infancia, que todos nos sentimos débiles antes o después, que todos necesitamos ese calor, cariño y amor, ese amor que nos dan nuestras madres. Esos niños me marcan porque al pasar una enfermedad mas o menos grave te vueles a sentir niño y necesitar ese cariño, y de todas esas personas que pasan por esa puerta antes o después lo necesitan, necesitan ese cariño, y todas las personas en el mundo con sus trabajos sus vidas y sus objetivos lo necesitarán. Y ver a esos niños que lo necesitan más que nadie que estiran los brazos pidiendo un abrazo, que te miran con cara de inocente, que curiosamente son los únicos que se dan cuenta de que estoy ahí, observándoles, me marca, me marca verles. Me marca porque veo su vulnerabilidad por qué siento que de una forma o de otra les falta cariño o amor y de una forma o de otra me siento identificado, pero no porque no lo tenga, si no porque todos lo necesitamos, a todos nos ha faltado y todos sabemos lo que es sentirse vuelnerable.

Pero a la hora de la verdad, de todas las personas que veo entrar y salir, con sus problemas y defectos, con sus vidas y sus virtudes, sigo sin saber por qué será que los niños no se escapan de mis pensamientos.

ACTITÚ

Sábado, 7:30 de la mañana. Bilbao duerme, o está de fiesta. Yo en cambio también estoy en la calle, con el Long. Muchos os preguntaréis, y tú que coño haces un sábado a las 7:30 de la mañana con el long?

Bilbao, 7:30 de la mañana.

La respuesta es bastante fácil, aprovechar el mejor momento del día para hacer lo que más me gusta en el mundo sin nadie que me moleste. Disfrutar del mejor momento no solo del día sino de la semana e incluso del mes. Me acompaña una playlist de canciones que transmiten positivismo y los basureros de bilbao.

Patada tras patada, patada tras patada, patada tras patada, iba avanzando en mi camino, un camino que no sabía a dónde me llevaba. Un poco como en mi vida. Solo sabía, que como dice una de las personas que más admiro, lo único que me puedo pedir es ACTITÚ.

Sabía que tenía un día duro por delante. Concretamente, 6 horas de ingles, una comida y un partido de fútbol. Después cenaría con mis padres y me iría a casa. Todos los adolescentes de mi edad estarán en las fiestas de las arenas, también conocidas como fiestas de las mercedes. Sin embargo, ¿que adolescente estaba a las 7:30 de la mañana dándole al patinete?

Ninguno, ¿Por qué no hago las cosas propias de los adolescentes de mi edad? Eso seguro que lo pensaréis algunos. Simplemente por qué no me gustan. No me gusta salir de fiesta hasta las 8 de la mañana. No me gusta beber en la calle, no me gusta desperdiciar el día siguiente por ello. Prefiero salir de buena mañana a hacer deporte, empezar el día con energía y con ACTITÚ, sobre todo con ACTITÚ.

Y esa es la lección de hoy, muchas cosas pueden ir mal, pero con ACTITÚ, aunque no os lo creáis somos capaces de darle la vuelta a cualquier situación adversa. Porque como dicen los de Aquarius: «El ser humano es extraordinario».

EMPEZAR A LUCHAR. 

29. Un número para muchos, uno muy especial para mí. Un 29 de diciembre nació la mujer más importante de mi vida. La mujer que siempre está conmigo y que siempre me apoya haga lo que haga. Desgraciadamente un 29 también se fue mi abuelo, la persona que más me ha enseñado en la vida, no sólo cosas académicas, sino cosas de la vida.
Y hoy 29 de septiembre empiezo una lucha, para mí una lucha muy complicada, una lucha difícil y que se que me va a costar mucho. Hoy día 29 empiezo a luchar contra todos mis fantasmas y llamo fantasmas a todos los miedos, a todas las inseguridades y a todos los complejos que tengo. También llamo fantasmas a todos los traumas que me persiguen, muchos de ellos desde pequeño.

Uno de ellos es el de mis orejas. Todo empezó en los primeros cursos de colegio, un alumno de entonces 4 de la ESO, de nombre Jon empezó a llamarme Dumbo. Esto sucedía en el autobús, y como era de los mayores la gente le seguía, y es que cuando yo era pequeño cuando un mayor decía algo todos le seguíamos sin rechistar. Total, que me quede con el nombre de Dumbo.

La gente se burlaba de mí por qué mis orejas estaban un poco salidas y eso me torturó mucho. Siempre que iba a la peluquería me cortaba el pelo largo y los laterales aún más para poder taparme mis odiadas orejas. Esto lo seguía haciendo hasta hoy. Hoy he decidido cambiar. Romper con uno de mis complejos. Hoy me he rapado la cabeza, hoy voy a enseñar mis orejas, esas que tanto me atormentaron y, al que no le gusten que no las mire.

Terapia de choque lo llaman. Me cuesta hacerlo, iba nervioso a la peluquería pero bueno, nunca es fácil enfrentarse a un fantasma y menos a uno que lleva tantos años persiguiéndote. Pero hay que tener valor. Luchar contra el. Y poco a poco ir venciendo a todos los fantasmas.

Y hoy me siento orgulloso de mi, orgulloso por haber dado el primer paso de los muchos que me quedan hasta acabar con todos mis fantasmas. Me siento orgulloso por no entregarme a lo establecido. Me siento orgulloso por atreverme a cambiar.

¡Hasta pronto! 

Un año más es momento de decir adiós. Bueno, dejémoslo en hasta pronto. Hasta dentro de 9 meses. Un nuevo verano se despide. Hoy ha llegado el día de decir adiós a unos meses muy especiales del año. 
A tus compañeros de aventuras y experiencias durante este mes de agosto, año tras año: a los gonzalo, Marta, Lucas Manu y todos los demás. A todos esos que hacen que disfrutes aún más cada minuto aquí. 
Y la verdad que este ha sido uno de esos veranos para recordar. Empezó más tarde de lo esperado pues aprobé la parte escrita del b1 de euskera y eso conllevaba más tiempo de estudio y de práctica para la parte oral. Después, me fui especialmente contento a París sabiendo que había podido con el examen que me había tumbado el año anterior. El único examen que había podido conmigo. 

Sobre el 3 de julio me estaba montando en un avión camino a tres semanas inolvidables. Casi sin saberlo me estaba embarcando en una de las aventuras más enriquecedoras de mi vida. Nuevos amigos, nuevas culturas, una ciudad de ensueño. Poco más podía pedirse. Una aventura que podéis leer en el apartado de «un adolescente en París». Ahí os cuento día a día esta gran aventura. 

Y casi sin enterarme, menos de una semana después de volver de París me estaba montando en el coche. Por delante 9 horas me separaban del paraíso. De uno de los pocos lugares en el mundo en los que no hay preocupaciones, hay buen tiempo, buenas playas, buenos sitios para entrenar a tenis. Una comida no habitual durante el año y muy buena compañía. 

Aquí, ha pasado un mes. Un mes que se me ha pasado como si solo hubiese sido una semana. Todos los días mil actividades, todas ellas divertidas y entrañables. De ese tipo de actividades de las que te acuerdas a lo largo del año cuando estás sufriendo por seguir sentado en la silla estudiando un rato más. 

La gente dice que le encantaría volver a 1 de julio, a mí no. Como me dijo un buen amigo que quizás lea esto «lo bueno del verano es que se acaba». Como todas las cosas buenas, se acaba. De lo contrario perdería la gracia, perdería su esencia, perdería el ser tan especial. 

Es momento de decir adiós al verano de 2016. Sin embargo aún me quedan un par de cosillas antes de volver a coger los libros. Este año aún con más fuerza que nunca. La verdad que tengo un año por delante, toca intentar subir el 9,3 de media, toca aprobar el proficiency, toca aprobar el b2 de frances e igual incluso el de euskera. Sin embargo, me encuentro motivado ante todos los retos que se me avecinan. Tengo ganas de empezar a luchar y a pelear por ellos.