Y es que la vida, una vez más, es exactamente eso. Escabullirte de la rutina y de la realidad a base de risas, de flamenco, de bailar sevillanas – o por lo menos de intentarlo – y de beber rebujito, cerveza fría y gin tonic con hielos bien gordos. Volver caminando a casa mientras la lluvia parece, de manera cuanto menos poética, limpiar todos esos males, agobios, tristezas y llantos que los últimos meses cargaste en tu chaqueta. Esa lluvia que se mezcla con las carcajadas y el dolor de pies, con ver Sevilla desde un prisma distinto y no recordar la última vez que llegaste a casa a las 8 de la mañana de una fiesta.
Recordar que el glamour y Londres molan, pero que sentirte bien rodeado mola más. Ser consciente de lo que tienes aquí y poder disfrutarlo hacen que cada vuelo, cada hora en la oficina y cada vez que decides no mandar todo al carajo y aguantar un poco más merezcan la pena, que con buenos amigos, buena comida, buen clima y la actitud correcta todo parece pasar. Quizás no lo haga, pero al menos lo parece.
La vida es cortar el filete para luego pincharlo con una patata, aprender que aquí la cerveza se llama cortá y que el rebujito es peligroso, muy peligroso. Que es una bebida tan simple como deliciosa, que la manzanilla te arregla el estómago y que mezclada con seven up también te alegra el alma
Sevilla, y probablemente el sur en general son esa pausa que sabías que necesitabas y no encontrabas. Desconectar por un rato y apagar el cerebro unos días. Centrarte en ti, en disfrutar, en cantar y en bailar. En el bocadillo de jamón con aceite y en el atardecer en el coche camino a la que siempre será una esquina especial en el planeta. Fijarte en el sol posarse en una ventana y la ensaladilla de pulpo. Los puerros y el pescaito frito. Pisar la arena de la playa y dar unas bolas de golf mientras te paras a reflexionar. Llegas a la conclusión que siempre acabas pensando cuando te paras así sea cinco minutos. Que la vida es la leche, que a veces todo parece ser cuesta arriba pero que aún así con paciencia y buena compañía todo siempre acaba por salir bien. Que todo esfuerzo merece la pena y que la tristeza, los sacrificios y la sonrisa forman parte del camino. Que todo curte y que a veces también hay que darle al pause sin sentirse culpables por ello
Escrito entre Sevilla, Huelva y el medio del océano en el vuelo de vuelta a casa – abril 2026