TENGO GANAS.

Tengo ganas de correr, de andar en long y en bicicleta, de tumbarme en la playa o en la piscina, tengo ganas de dormir sin preocuparme por tener que estudiar. Ganas de cambiar de aires, de bajar al sur, aunque solo sean unos días. De desconectar de la rutina.

Quiero comer a cualquier hora, olvidarme de en qué dia de la semana vivo. Quiero grabar y sacar fotos, escribir otro diario de un adolescente por alguna otra ciudad. Quiero vivir nuevas aventuras, conocer nuevos sitios y disfrutar de los que ya conozco.

Aprovechar para hacer cosas que no puedo hacer durante el año, ver a gente a la que solo veo un mes de cada 12, aprovechar para tomar una cerveza fresquita en la playa mientras nos ponemos al día de todo lo que ha pasado a lo largo de los 11 meses en los que no nos hemos visto.

Escuchar la música que se pone de moda, esa canción que no te quitas de la cabeza en los tres meses. Escuchar un poco más a mi yo interior y un poco menos a la ciudad. Empezar a cumplir cosas de esa lista de cosas que quieres hacer antes de morir.

Paseos por la playa que se alargan varias horas, organizar todo el año siguiente cuando acabas de terminar el anterior.

12 AÑOS.

Menos de 5 meses quedan para terminar una de las etapas más raras, difíciles, y maravillosas que he vivido. 12 años en los que he reído, he llorado, me he acordado de los familiares de más de uno. He sufrido en silencio y he gritado cuando debía haber callado.
He crecido, no solo de estatura, también como persona. Esto, en parte se lo debo a aquellos que durante varios años quisieron acabar conmigo. Trataron de insultarme y humillarme. De hecho, muchos lo consiguieron. Yo lloré mucho sí. Pero también aprendí.

Aprendí mucho más de lo que lloré y mira que lloré en abundancia. Aprendí a lidiar con gente tóxica. Aprendí a moverme entre gente que no me quería. Aprendí a querer a los que sí que me querían.

He vivido momentos únicos. He tenido acceso a cosas a las que muy pocos alumnos tienen acceso. He conversado con gente influyente, he organizado festivales de navidad y fiestas de fin de curso. He editado videos y he visitado lugares que nunca hubiese siquiera imaginado.

12 años dan para mucho, 12 años difíciles, aún para más. 

SI VAS A INTENTARLO, VE HASTA EL FINAL.

Ya lo decía Bukowski. Si vas a intentarlo ve hasta el final. Sino, ni siquiera empieces. Será duro, habrá días en que no quieras seguir, pero amigo, valdrá la pena. Da igual si lo que quieres es un correr un IronMan o un nuevo trabajo, no importa si lo que deseas es dedicarte a la edición de videos o crear una empresa. No importa lo que quieras, solo importa cuanto lo quieras. Y dependiendo de esto encontraras dos cosas. Excusas u oportunidades. Si encuentras la primera, tal vez no lo querías tanto. Quizás sea por vagueza o porque te da miedo. No lo se, es más, no lo sabe nadie que no seas tú. Porque en el fondo solo tú te conoces, podrás mentirnos a todos. A todos menos a uno. A ti mismo. Y si por el contrario lo que encuentras son oportunidades, aprovéchalas, trabaja duro, lucha por cada una de ellas, sufre y aprende. Calla la boca de todos los que te dirán que no serás capaz. No les respondas con tus palabras. Calla, deja que tus actos hablen por ti.

Al principio puede que creas que no avances, que no mejora, que esa empresa no crece o que no te estas poniendo en forma. Pero créeme, todo lo que haces sirve. Y si vas a ponerte, ponte al 100%. No. Ponte al 200%. Saca todo su partido a cada una de las cosas que hagas, y por muy duro que te parezca, por mucho que creas que estás sufriendo, siempre puedes más. Sufre un poco más, trabaja un poco mejor, entrena un poco más duro. Y llegará un día en el que tu empresa esté terminada, o en el que te veas cruzando la meta de ese IronMan. Llegará el día en el que GoPro te llame para contratarte y editar sus videos como tanto soñabas.

Dicen que todo llega para el que sabe esperar. Una mierda. No esperes a que algo venga a ti. Levántate, coge tus cosas y vete. Vete a por ello, nadie te obliga a empezar, pero si vas a hacerlo, ve hasta el final. No te pares en los obstáculos. Si no eres capaz de saltarlos tírate al suelo y pásalos por debajo. Busca formas de superarlos. Pero si de verdad lo quieres, créeme. No hay nada que se te pueda resistir. 

EL HOMBRE MÁS ESPECIAL QUE JAMÁS CONOCÍ. 

25 de diciembre, día de comidas, de reencuentros. Día de juntarse y de cantar, día también de reír, de contar viejas anécdotas y de disfrutar. Pero hay un sitio vacío en la mesa. El sitio donde él se sentaba. Sin embargo, sigue estando presente. Seguimos haciendo el mismo brindis con champán que hacíamos con él. Seguimos trayendo del caviar que tanto le gustaba, seguimos haciendo mención a los kurdos que tantas anécdotas nos dieron a lo largo de muchos años. 

Para que os hagáis idea de lo increíble que era, yo tenía 6 años, no sabía ni sumar y él con el papel que envolvía un caramelo y con una bola de cristal fue capaz de explicarme la gravedad. Me enseñó a andar en bicicleta y a nadar. Me enseñó a hacer coches de arena en la playa y nunca olvidare como cada vez que tenía una duda de matemáticas le llamaba, y media hora después como un reloj, él me llamaba y me explicaba el problema.

A lo largo de estos 17 años me he ido encontrando con gente que le conocía. Gente que solo tenía palabras de agradecimiento y buenas sobre él. Fue capaz de hacer una tesis sin internet, simplemente con una enciclopedia. Aprendió alemán con la única ayuda de un diccionario. Escribía cada día su diario, en él dibujaba si la abuela nos ponía una vela que nos ayudase en los exámenes o si se encontraba un nuevo zulo de ETA. Una vez, viajó durante un mes a estados unidos. Y ayer, leímos una carta que yo nunca olvidare. 

Carta dirigida a mi tía María por ser la mayor. Él, que había vivido en una época en la que el hombre era muy superior a la mujer ya escribía a su hija y es que ser mujer no quiere decir ser inferior. Carta escrita en el año 1971, en ella nos contaba con asombro lo que era volar en un jumbo, estaba impresionado por poder sobrevolar la ciudad de Nueva York subido a un helicóptero o porque mientras en España la televisión solo tenía dos canales en blanco y negro allí ya había decenas y estaban en color. 

Les recordaba a sus hijos que tenían que seguir estudiando, cumpliendo sus obligaciones.

Él, era capaz de examinar a sus alumnos cualquier otro día que no fuese el propio del examen siempre y cuando tuviese justificación. Era capaz de desplazarse a casa de los mismos, de darles explicaciones extra y siempre les dijo que estudiasen inglés. Que era mucho más importante que su asignatura. Y de esto hace 50 años. 

Vivió una época de cambio, y como el genio que era nunca se quedó atrás, usaba manuales que él mismo traducía, y a sus 86 años pidió por su cumpleaños un ordenador portátil. Ordenador que tuve la suerte de poder enseñarle a utilizar. Devolverle en cierto modo todo lo que él había hecho por mi. Se que algún día haré un doctorado, no se cuando ni en que. Pero se que lo haré. Me lo prometí a mi mismo. Será mi pequeño homenaje al hombre más increíble que yo he conocido. 

Hombre de costumbres y rutinas nadaba todos los días mientras nosotros paseábamos por la playa, escribía puntualmente su diario y nos enseñaba por medio del ejemplo. Como el sabio que era no nos daba simplemente el resultado a nuestros problemas, nos ayudaba a entenderlos y conseguía que nosotros los resolviésemos. 

Apasionado, constante, trabajador, fiel, divertido, entusiasta, cariñoso, serio, humilde, honrado… como no vas a admirar a alguien a quien puedes clasificar con todos estos adjetivos. Alguien que te marcó y te formó como persona. Alguien que siempre creyó en ti. Alguien a quien a día de hoy pides ayuda en cada uno de tus partidos de tenis y en cada uno de tus exámenes. Alguien que dejó una marca en tu corazón que nadie ocupará nunca. Alguien, que aunque no este de cuerpo presente. Siempre te acompaña. Te quiero mucho abuelo.

OTRO GALLO CANTARÍA

¿Pero en qué no estamos convirtiendo? ¿A dónde vamos a llegar? Jodida tecnología y sobretodo jodido el uso que hacemos de ella. Que si subo una foto a Instagram, actualizo Twitter, escribo en mi muro de Facebook, subo fotos a la historia de SnapChat…

¿Qué pasa que ahora no somos nadie si no subimos todo a internet para que nuestros amigos y los no tanto se enteren de lo guay que es nuestra vida? ¿Pero en qué clase de gilipollas nos estamos convirtiendo? El otro día llegué a ver en SnapChat una foto de una persona frente al espejo que ponía: “A la ducha” ¿Y a mi que mas me da que te vayas a la ducha? Y segundo, ¿en qué momento te es importante decir a 200 o 300 personas que verán esa foto que te vas a la ducha?

Un poco de privacidad coño. Luego nos quejamos de que hablen de nosotros, de que digan esto o lo otro, decimos que estamos muy expuestos. ¡Pero si somos nosotros mismos los primeros que nos dedicamos a decir lo que hacemos minuto a minuto!

Voy a poneros un ejemplo: Jueves 22 de diciembre, quedo con una amiga y decidimos ir a dar una vuelta. Después nos sentamos en un banco y charlamos tranquilamente. Hasta aquí todo normal. Total, que ahora se empieza a poner la historia divertida, al de un rato, justo cuando nos estábamos despidiendo le preguntan a mi amiga, oye, sigues con Guillermo, y justo cuando responde le envían varias fotos que nos habían hecho a escondidas.

 A ver señores, compraros una vida. No somos famosos como para que sintáis la necesidad de hacernos fotos, y coño, si nos las hacéis no seáis tan idiotas de mandárnoslas. Tiene guasa la cosa. Digo, no entiendo el placer que os aporta sacar fotos a dos amigos. ¿Tantas ganas tenéis de marujear? Un poco de personalidad señores que no es tan difícil.

Que distinto sería todo si nos preocupásemos mas de nosotros y menos de los demás…