EMPEZAR A LUCHAR. 

29. Un número para muchos, uno muy especial para mí. Un 29 de diciembre nació la mujer más importante de mi vida. La mujer que siempre está conmigo y que siempre me apoya haga lo que haga. Desgraciadamente un 29 también se fue mi abuelo, la persona que más me ha enseñado en la vida, no sólo cosas académicas, sino cosas de la vida.
Y hoy 29 de septiembre empiezo una lucha, para mí una lucha muy complicada, una lucha difícil y que se que me va a costar mucho. Hoy día 29 empiezo a luchar contra todos mis fantasmas y llamo fantasmas a todos los miedos, a todas las inseguridades y a todos los complejos que tengo. También llamo fantasmas a todos los traumas que me persiguen, muchos de ellos desde pequeño.

Uno de ellos es el de mis orejas. Todo empezó en los primeros cursos de colegio, un alumno de entonces 4 de la ESO, de nombre Jon empezó a llamarme Dumbo. Esto sucedía en el autobús, y como era de los mayores la gente le seguía, y es que cuando yo era pequeño cuando un mayor decía algo todos le seguíamos sin rechistar. Total, que me quede con el nombre de Dumbo.

La gente se burlaba de mí por qué mis orejas estaban un poco salidas y eso me torturó mucho. Siempre que iba a la peluquería me cortaba el pelo largo y los laterales aún más para poder taparme mis odiadas orejas. Esto lo seguía haciendo hasta hoy. Hoy he decidido cambiar. Romper con uno de mis complejos. Hoy me he rapado la cabeza, hoy voy a enseñar mis orejas, esas que tanto me atormentaron y, al que no le gusten que no las mire.

Terapia de choque lo llaman. Me cuesta hacerlo, iba nervioso a la peluquería pero bueno, nunca es fácil enfrentarse a un fantasma y menos a uno que lleva tantos años persiguiéndote. Pero hay que tener valor. Luchar contra el. Y poco a poco ir venciendo a todos los fantasmas.

Y hoy me siento orgulloso de mi, orgulloso por haber dado el primer paso de los muchos que me quedan hasta acabar con todos mis fantasmas. Me siento orgulloso por no entregarme a lo establecido. Me siento orgulloso por atreverme a cambiar.

¡Hasta pronto! 

Un año más es momento de decir adiós. Bueno, dejémoslo en hasta pronto. Hasta dentro de 9 meses. Un nuevo verano se despide. Hoy ha llegado el día de decir adiós a unos meses muy especiales del año. 
A tus compañeros de aventuras y experiencias durante este mes de agosto, año tras año: a los gonzalo, Marta, Lucas Manu y todos los demás. A todos esos que hacen que disfrutes aún más cada minuto aquí. 
Y la verdad que este ha sido uno de esos veranos para recordar. Empezó más tarde de lo esperado pues aprobé la parte escrita del b1 de euskera y eso conllevaba más tiempo de estudio y de práctica para la parte oral. Después, me fui especialmente contento a París sabiendo que había podido con el examen que me había tumbado el año anterior. El único examen que había podido conmigo. 

Sobre el 3 de julio me estaba montando en un avión camino a tres semanas inolvidables. Casi sin saberlo me estaba embarcando en una de las aventuras más enriquecedoras de mi vida. Nuevos amigos, nuevas culturas, una ciudad de ensueño. Poco más podía pedirse. Una aventura que podéis leer en el apartado de «un adolescente en París». Ahí os cuento día a día esta gran aventura. 

Y casi sin enterarme, menos de una semana después de volver de París me estaba montando en el coche. Por delante 9 horas me separaban del paraíso. De uno de los pocos lugares en el mundo en los que no hay preocupaciones, hay buen tiempo, buenas playas, buenos sitios para entrenar a tenis. Una comida no habitual durante el año y muy buena compañía. 

Aquí, ha pasado un mes. Un mes que se me ha pasado como si solo hubiese sido una semana. Todos los días mil actividades, todas ellas divertidas y entrañables. De ese tipo de actividades de las que te acuerdas a lo largo del año cuando estás sufriendo por seguir sentado en la silla estudiando un rato más. 

La gente dice que le encantaría volver a 1 de julio, a mí no. Como me dijo un buen amigo que quizás lea esto «lo bueno del verano es que se acaba». Como todas las cosas buenas, se acaba. De lo contrario perdería la gracia, perdería su esencia, perdería el ser tan especial. 

Es momento de decir adiós al verano de 2016. Sin embargo aún me quedan un par de cosillas antes de volver a coger los libros. Este año aún con más fuerza que nunca. La verdad que tengo un año por delante, toca intentar subir el 9,3 de media, toca aprobar el proficiency, toca aprobar el b2 de frances e igual incluso el de euskera. Sin embargo, me encuentro motivado ante todos los retos que se me avecinan. Tengo ganas de empezar a luchar y a pelear por ellos. 

¿Y QUÉ HAGO YO AHORA? 

17 años, es el tiempo que llevo aqui, y probablemente nunca me he tenido que enfrentar a una decisión tan complicada en mi vida. Y mira que tengo opciones. De hecho tengo tantas opciones como números existen. Quizás sea ese el problema. 
He de decir que no estoy preparado, que al igual que la mayoría de jóvenes de mi edad no tengo la madurez suficiente de decidir qué hacer. No tengo la capacidad de tomar una decisión que marcara mi futuro. Y no tengo ni idea de por dónde encaminarme. 

Este es un tema que me tortura muchas noches y que en muchas ocasiones me ha dado dolores de cabeza. Pero si todos han podido yo también. No puede ser tan difícil. Sin embargo, la verdad es que asusta. Y asusta mucho. Con 17 años estás tomando una decisión que cambiará tu vida. Y yo, yo no estoy preparado. 
A veces, me veo con traje yendo y viniendo de mi despacho, otras muchas, me veo con una bata blanca curando a niños, pero no soy capaz de decidirme. Haz lo que de verdad te guste me dijeron. Pero probablemente si de verdad hiciese eso, estudiaría algo que tiene menos salidas que un callejón cerrado. 
La verdad, no sé qué camino coger no sé por dónde tirar o que me va a gustar. Y honestamente no quiero pasarme toda una vida haciendo algo que no me gusta por culpa de una decisión con 17 años. Una de las muchas decisiones que tomaras en tu vida. Pero esta, probablemente sea una de las más importantes.  

Y es demasiado pronto, ayer todavía estaba dibujando sin salirme de las líneas y hoy tengo que encaminar mi rumbo. Y todo dependiendo de una nota. Un simple número que te va a decir si puedes hacer eso que te gusta o si no. Bueno, eso en el caso de que sepas qué te gusta. Porque yo, como muchos otros sigo sin tener claro mi camino. 

FERNANDO & EUGENIA:

Y aquí, acaba el diario, pero una aventura de este estilo deja muchas cosas que merecen ser contadas, y a eso es a lo que me dispongo ahora. A contaros todas las anécdotas, momentos que me puedan parecer interesantes haceros saber, de deciros y explicaros con más detalle algunas de estas anécdotas que han hecho de estas semanas, 23 días inolvidables.

Como primer articulo tengo que escribir sobre dos personas muy especiales en este viaje. Vinieron conmigo, sin embargo, no eran alumnos. Hicieron muchas de las actividades que hice yo, pero ellos, no las necesitaban. Hicimos excursiones, turismo, vimos museos, monumentos… juntos. Han sido sin duda dos de las personas más especiales para mi en este viaje. Efectivamente estoy hablando de Fernando y de Eugenia.

Quien me iba a decir a mi a eso de las 8:30 de la mañana en el aeropuerto de barajas que aquellos dos monitores que nos daban los billetes y que nos indicaban por donde ir iban a acabar convirtiéndose en mi “mami” y en mi “hermano mayor”. Quien me iba a decir a mi que iba a acabar teniendo tanto trato con la niña que nos decía “arrejuntaos un poco” antes de pasar el control de seguridad. Sin embargo, sin ellos esta experiencia no hubiese sido ni parecida.

Con Eugenia establecí mi primera conversación cuando al pasar el detector de metales pité y me llevaron a donde un hombre de seguridad a hacerme unas pruebas. Yo estaba muy nervioso y él solo me preguntaba que quien era mi responsable. Yo señalé a Eugenia, ella estaba concentrada en acabar de pasar a los niños. Era el primer momento juntos y reinaba el caos. Dos semanas más tarde y muchos momentos juntos después era momento de decirle adiós. No podía creérmelo.

Con Fernando todo fue distinto la verdad. No me acuerdo cuando hable con él por primera vez tampoco recuerdo como empezó nuestra relación de amistad. Pero, ahora mismo, una vez acabado el viaje no me lo imagino sin él. De hecho, en cada excursión, desde Disney hasta el Louvre, pasando por la Torre Eiffel hemos estado juntos. A los dos nos han sablado 5 euros por un café con leche y los dos nos hemos reído a carcajadas. También hemos llorado, y es ahí cuando siempre ha estado el otro para echar un cable.

Solo tengo palabras de agradecimiento para vosotros, por cuidarme, por hacerme reír, por encargaros de mi comida y de que todo saliese bien. No solo por mi, gracias de parte de todos los niños y es que si todos os pusimos un 10 en el cuestionario por algo será. Porque con vosotros me llevo momentos inolvidables, os habéis llevado broncas y reproches por nuestra culpa y aun así nunca habéis perdido la sonrisa. Y aunque no os deis cuenta nosotros si, y lo apreciamos muchísimo.

Quiero daros las gracias, y qué bendita la casualidad que haya hecho que aparezcáis en mi camino este verano. Sois dos pedazo de personas y no me cabe ninguna duda de que en algunos años, uno será un medico deportivo como la copa de un pino y que el otro estará trabajando en Bruselas, haciendo eso que tanto le gusta y además no me cabe ninguna duda de que lo estarás haciendo genial.

GRACIAS DE CORAZÓN. UN ABRAZO FUERTE!

DIA 23:

El ultimo día de esta gran aventura. Un día agridulce, por un lado tenía ganas de volver a casa, pero por otro lado se que voy a echar en falta este campamento. Y se que voy a echar de menos a la gente que lo ha hecho posible, a los demás niños, a los monitores, a los profesores y a todos. Es complicado cerrar estas etapas. Sobre todo porque sabes que a la mayoría de personas no las volverás a ver nunca.

De pequeño, cuando te ibas de un campamento salías triste, pero en el fondo eras inocente y creías que volverías a ver a la gran mayoría, ahora, te vas al extranjero y cada uno se vuelve a su país, países a una gran distancia los unos de los otros. Como me gustaría volver a tener la inocencia de creer que voy a volver a verles.

Como cada ultimo día de cada campamento hay muchos sentimientos juntos desde ya por la mañana. Desde que das el primer abrazo de despedida. Desde que ves que como se funden con el horizonte las furgonetas que llevan al grupo de los turcos. Grupo con el que de verdad has tenido relación, casi mas que con los españoles. Un destino al que por mucho que quieras no puedes parar. Ese momento que tan lejano parecía aquel 3 de julio cuando pisabas por primera vez Lines había llegado. Y tú ahí estas, abrazándote con Fernando viendo como se van. Como se van para siempre.

El siguiente grupo en irse es el tuyo. Das los últimos abrazos a los pocos que se quedan, a todos los rusos y el más especial probablemente haya sido con Alfon. Un madrileño al que el primer día que le vi pensé que era un niñato y que luego me he dado cuenta de que la cagué y mucho, me di cuenta que era un tío 10. Uno de esos pocos con los que de verdad esperas no perder el contacto. Al final te acabaste dando cuenta de que erais iguales. Y tú te vas y el se queda.

Justo antes de montarte en la furgoneta te abrazas a Tiphanie y a Pauline, ya no es momento de guardar las formas, te han cuidado como a un hijo mientras estabas en el campamento, y te sale del alma darles un abrazo, un abrazo fuerte, un abrazo de verdad. Por que de verdad les tienes cariño y de verdad valoras todo lo que han hecho por ti.

Te espera la furgoneta, como siempre te montas el ultimo, y le dices el ultimo adiós a este campamento, de chofer, uno de lujo, nos cuenta anécdotas con futbolistas y políticos varios. Llegas al aeropuerto y cuando creías que todo había acabado te das cuenta de que no. y de repente te ves corriendo por el aeropuerto buscando a una amiga.

Ernesto dice que le han robado la mochila. Mochila que mas tarde devolverían unas niñas. Mochila en la que llevaba 100 euros. Te montas en el avión, comentas las tres semanas y te duermes, llegas a Madrid, y ahí te esperan tus padres. Pero quedaba un ultimo adiós, quedaba despedirte de los españoles. Hacemos piña y empezamos a gritar y a saltar. Nos despedimos.

Te montas en el coche, la aventura aun no ha acabado, aun quedan 3 horas y media de vuelta a casa. Llegas, dejas la maleta y te vas a cenar. Ahora si, todo ha acabado.

Las próximas entradas irán dedicadas a momentos concretos, a personas o a situaciones vividas. Tengo alguna que otra pensada ya pero si tenéis alguna duda o algo que queráis conocer no dudéis en preguntármelo.

GRACIAS POR COMPARTIR ESTA AVENTURA CONMIGO!!