Día 8: El hasta pronto.

Yo creía que estar en el hospital era la parte jodida, que no poder andar era la parte complicada y la que más me asustaba y por fin, esa parte se terminaba. El viernes día 2, casualidades de la vida, el cumpleaños de mi hermana, me dieron el alta. Los doctores pasaron sobre las 9 de la mañana y confirmaron que me iba; así que solo me quedaba esperar al papeleo.

Me eche una última cabezadita en el hospital. Fue un momento que recuerdo como un momento bonito, porque fue un rato en el que recordé todo lo que había pasado dentro de esas paredes, las veces que había llorado, las carcajadas con mis amigos en las visitas, conocer a Fernando o a Ángel, los ratos hablando sobre series y otras chorradas en mi silla de ruedas con las enfermeras y muchos otros momentos.

Cuando por fin me dieron el papeleo fui donde las enfermeras y en concreto donde una de las que más me cuidó. Ella, es de Bilbao, pero estudió en Zaragoza, y el cariño que le cogí no os lo podéis ni imaginar. El abrazo de despedida con ella es sin duda uno de los mejores abrazos que me han dado en la vida.

Pero era momento de irse, me despedí de todos, les di las gracias y me monté en el taxi, en mi calle habían abierto 2 nuevos restaurantes, y parecía que llevaba fuera años, pero mi casa estaba igual, mi peluche seguía presidiendo la cama y Lorena me esperaba para darme un abrazo. Otro abrazazo.

En cuanto a la rehabilitación, el sábado me levanté a las 7 y empecé a andar por el pasillo porque quería curarme lo más rápido posible, fui con mi héroe a Punta Gálea y ahí di agarrado a la silla de ruedas mis primeros pasos.

Qué sensación más rara, tenía que pensar cada vez que quería dar un paso, pero lo conseguí, y ahí estaba mi padre para sujetarme cuando no podía dar el siguiente, él dice que no andamos mucho, pero yo acabé muerto.

Así que, aunque sepa que no lo estás leyendo, muchísimas gracias papi, te estaré eternamente agradecido.

Día 7: Una visita inesperada.

El día 7 fue un día rutinario más, que si medicación por la mañana, que si te toman la tensión por la tarde. Intentar dar algún que otro paseo por el pasillo para ver si batía mi récord y llegó la tarde; y con ella la gran sorpresa.

Te imaginas ir a la biblioteca con un amigo a estudiar para selectividad y acabar comiendo en Telepizza con una niña a la que hasta ese día no conocías? Pues esa es mi historia con una de las visitas inesperadas de mi estancia en la Suite.

Total, que cuando abrió la puerta flipé, no por ella, sino por la sudadera de NYC, algún día volveré a NY y me compraré una. Voy a pedirte que te imagines algo más, imagínate que esa niña acaba convirtiéndose en alguien clave en uno de los momentos más duros de tu vida y sobretodo en alguien a quien te has dado cuenta de que no quieres perder.

Ese mismo día vino a visitarme Sofi, mi mami de la universidad, una amiga que el primer día de universidad me reconoció y me dijo que habíamos ido juntos a preescolar. Actualmente me siento con ella en clase y es sin duda una de las mejores amigas que tengo, ese tipo de persona que sabes que va a estar ahí pase lo que pase y que si pasa algo grave ya puede estar haciendo cualquier cosa que parará para ir a ayudarte. Una de esas de las que no quedan.

Hoy os cuento esto porque me quedaba 1 día para que me dieran el alta, en verdad me quedaban 2, pero uno de ellos me lo pasé entero en la cama drogado perdido por la medicación y el otro fue días atrás, me lo salté y ya no recuerdo que pasó ese día.

Mañana os traeré el día que me dieron el alta y el primer día de «rehabilitación». También estoy muy ilusionado porque mañana vuelvo al médico y espero volver a ver a todas las enfermeras que hicieron que mis dos semanas de estancia fuesen mucho mejores, a las que me acompañaron cuando lloraba y sobretodo, a las que consolaron a mi madre cuando estaba realmente mal.

Romperse.

Guillermo, tienes que ser positivo, no lo olvides nunca. No dejes de confiar en ti. No dejes de creer en ti y en tu recuperación. Sabías que el camino sería duro, pero no creías que tanto.

De pequeño, te gustaba llamar la atención, querías llevar escayola o robarle las muletas a algún compañero de clase; y ahora es a ti al que van a querer quitar la silla de ruedas. Tienes gente maravillosa a tú lado y gente que empieza a entrar en tu vida.

Eres un tipo afortunado, pero de vez en cuando también es normal derrumbarse, y es normal llorar, y querer meterme en la cama y no salir y pensar que por qué a mí. Sé que todo esto es normal, pero es duro. Y aunque sabía que costaría me está costando mucho más de lo que me esperaba.

Y joder con la cabeza; qué difícil es de entender. Qué difícil es de explicar y sobretodo de controlar, pero en cambio, que fácil es pasar de estar totalmente arriba a hundirse. Uno sabe que no debe hundirse, pero a veces la cabeza no aguanta.

No entiendes por qué no eres capaz de andar, no entiendes por qué tienes que apoyarte en una maldita silla de ruedas para moverte o por qué días como hoy tienes aun menos equilibrio y te cuesta hasta recorrer el pasillo de tu casa.

No lo entiendes pero sucede, y tienes que afrontarlo, y lo prometiste, le diste la mano a tu padre, le dijiste que juntos saldríais de esta, le dijiste a Alfonso que en Verano echaríamos una carrera y a Gon que jugarías con él a pádel.

Pero por muy positivo que sea, querida cabeza por favor, de vez en cuando dame un respiro.

Día 6:

El día 6 por la tarde conocí a mi nuevo compañero; un tipo cuyo nombre no soy capaz de acordarme y pero que trabajaba en banca en el Santander. Tendría treinta y pocos y no dijo una palabra hasta varias horas después de que lo ingresaran. Mi primera impresión sobre él no fue demasiado buena, y la noche digamos que fue un poco dura, pero claro, a la mañana siguiente me enteré de los dolores tan brutales que sufría y mi imagen cambió radicalmente.

También me aguantó una noche porque ese día se lo llevaron a la planta de abajo, que estaban más especializados en este tipo de dolores.

Ese día, me hicieron una nueva prueba, prueba, que por cierto me dolió bastante. Me hicieron una punción lumbar, que viene a ser que te ponen en posición fetal, y cuando estás totalmente vendido te dan dos pinchazos en medio de la columna vertebral. El primero, la anestesia, el segundo, la propia punción.

Esa era ya la ultima de las pruebas, así que solo quedaba esperar. Además, si daba todo correcto el viernes me darían el alta y me iría a mi querida casa al fin. Y no sabéis las ganas que tenía de eso, así que seguían llegando buenas noticias.

DÍA 5

 El día 5 fue un día raro. Me desperté especialmente drogado por la medicación, pero aun así me sentía bien, Paseé la noche dormí con un compañero nuevo, otro más. Éste había tenido un problema de corazón, y vino a urgencias creyendo que le estaba dando un ictus, le hicieron las pruebas y salió que todo estaba bien así que a media mañana se fue.

Aún quedaba un tercer compañero de habitación por llegar, pero a él le conoceréis más adelante.

Como os he dicho, y aunque me grité para soltar la rabia con mi padre, salí al pasillo y caminé hasta no poder aguantar más. ¿Os acordáis que os dije que el primer día anduve medio pasillo? Pues aquel día anduve 6 yo solito, sin agarrarme. Eso sí, según llegué a la habitación me metí a la cama y me quedé dormido.

Este, fue el primer día en que lloré a una enfermera. Me bajaron a hacerme las 3 pruebas del cerebro, y una hubo que repetirla porque no tenía demasiado buena pinta. Fue entonces cuando decidí llamar a una enfermera de estas mayores, de las que hablan contigo mientras esperas, de las que notan que estás asustado, le di un abrazo y rompí a llorar.

Subí a la habitación, había estado cerca de 3 horas fuera y como no; me quedé dormido.

Los días en el hospital se iban acabando, pero si queréis saber cómo siguieron tendréis que esperar a los próximos postas.