Muy corto inciso.

A raíz de lo que me ha pasado en las piernas algunos me habéis llamado héroe, ejemplo o inspiración. Nada de eso.

Yo siempre me salí del camino habitual, fui cogiendo mis pequeños atajos y dándome mis pequeños guantazos. Algunos, no tan pequeños, pero pronto aprendí a sacar lecciones de todos ellos y si hay algo de lo que me enorgullezco es de que me caractericen como un tío positivo.

Se que esto que me está pasando ahora es solo un bache en el camino. Se que voy a salir adelante, y se, que aunque a alguno os haya chillado, cada vez que me decís da un paso más, haz un esfuerzo más, aguanta un poco más de pie… lo hacéis por mi. Por esto este post es un agradecimiento.

En lugar de ser yo el héroe o el ejemplo lo sois vosotros, porque sin cada uno de los que formáis parte de mi vida, sin cada uno de los que me habéis escrito un mensaje por Instagram/whatsapp, sin los que me habéis llamado nada seria posible. Así que una vez más, gracias a todos de corazón.

Siempre fuertes y siempre unidos equipo.

Día 4.

El día 4 fue un día de despedida, me cambiaban de compañero, y aunque el que entró era un gran tipo no establecimos el lazo que establecí con Fernando.

Me hicieron alguna que otra prueba y pasaron muchas horas sin demasiado ajetreo.

Sin embargo, por primera vez a la noche me derrumbé, mientras tenía la vía cogida y me iba entrando la medicación rompí a llorar, abracé a mi padre y aunque no os lo creáis, creo que nunca me he sentido más protegido.

Tenía miedo, mucho miedo, y tenía agobio guardado dentro que tenía que salir por algún lado. Ese lado fueron las lágrimas. Había otras dos personas en la sala de visitas en la que estaba yo y les pedí perdón.

Una de ellas era una señora mayor que hacía sudokus, y me dijo, «hijo, no te preocupes, yo soy la primera que ha llorado, he tenido dos ictus. Me salen tumores con frecuencia y tengo lupus. Tengo más de 80 enfermedades. Es normal venirse abajo de vez en cuando»

¿Cuando te dicen algo así que puedes responder? Yo trate de dejar de llorar, pero no de abrazar a mi padre. Me pusieron la segunda dosis de medicación intravenosa y estuve un rato hablando con la señora; poco después me fui a la habitación y me dormí; como siempre después de un beso de uno de esos héroes que no llevan capa. Los padres.

En mi caso ha habido 4 superhéroes. Mis hermanas, mi madre y mi padre. Han estado ahí día tras día, momento tras momento, llorera tras llorera, bajón tras bajón y subida tras subida. Así que familia, se que ya lo sabéis, pero sin vosotros; yo no soy nada.

Día 3:

Antes de empezar quiero que sepáis que esto va con un poco de retraso, que hoy al fin me han dado el alta y que empieza ahora la recuperación que también os contaré por aquí.

El día 3 fue cuando me trasladaron de hospital. Allí, conocí a Fernando, mi compañero de habitación, pero como él siempre decía, «mi socio». La verdad que nos unimos bastante y lloramos juntos un ratillo.

Ferni, como le llamaba yo era un tipo amable, de Otxarkoaga que pulía relojes para Rolex. Pero sobretodo era un buen hombre. Le detectaron algo en la médula y mientras escribo estas lineas le estarán operando. No me cabe duda de que la operación habrá ido bien y que de aquí a no mucho volverás haciendo los relojes más famosos del mundo.

En cuanto a mi evolución, seguían metiéndome medicación intravenosa y los espasmos no remitían, eso sí, me pasaba drogado todo el día. Lo cual era una sensación un poco extraña.

Ese día conocí a Isabel, una señora a la que dedicaré un post entero porque me enseñó una lección que marcó mi vida.

Los médicos volvieron a examinar las pruebas y una vez más no encontraron nada nuevo, pero acabaron por descartar todas las enfermedades malas.

Papá se puso en modo sargento y me ayudaba a andar por los pasillos, aunque al principio no hacía ni medio apoyándome en las barandillas, conseguí acabar haciendo 6 yo solo sin apoyarme.

Quiero mandar un mensaje especial desde aquí a toda la familia Artaza, que sin tener por qué, se pasaron por mi habitación un par de veces para ver como iba mejorando y Jon siempre me animaba a seguir adelante. Así que tranquilos compañeros, que lo vuestro también terminará bien.

Día 2.

Día 2 que en realidad fue el 3. Fue un día complicado. De más pruebas. Fue el día de mi primera visita, (Gracias Pauls ♥️) poco a poco iba entendiendo que esto iba para rato.

Me hicieron alguna que otra prueba más y también dieron bien. Decidimos que en el Hospital De Basurto aunque las comodidades fueran menores los neurólogos serían mejores. Así que Vinimos aquí.

He tenido la gran suerte de tener un equipo de 6 doctores estudiando mi caso, aunque por suerte o por desgracia no han conseguido encontrar qué causa lo que tengo.

Una vez en Basurto, como venía con la vía ya incluida me cogieron otra que no usaron. Pase unas horas en una mini habitación, me hicieron un electro y un análisis de sangre. Todo el orden.

El día siguiente todo continuó.

Pero eso, ya lo leeréis mañana.

EMPECEMOS POR EL DÍA 1.

Como ya os dije, las convulsiones empezaron el lunes a la tarde, fueron a más y decidimos ir a IMQ. Allí, tras una noche y día y medio en un Box me ingresaron. Solo había un pequeño problema. No había equipo de Neurología, que es lo que yo necesitaba.

Cuando subí a planta, mis primeras noticias fueron que me iba a la UCI y que me estaba muriendo, pero sigo aquí, listo para dar guerra, Tras un unos días más en planta me derivaron a Basurto. Y aquí me encuentro,

Tras probar la más alta tecnología, conocer 3 compañeros de habitación diferentes (algunos más difíciles que otros), y una punción lumbar, siguen sin saber que tengo.

Cada día intento caminar unos metros, me cuesta, pero no me quiero quedar en silla de ruedas, y tengo que aprovechar las facilidades que aquí tengo. Así que poco a poco ir sumando metros, como decía Valentí San Juan «brazada tras brazada» y siempre con actitud.

¡Vamos por ello!