QUÉ BAJO TENEMOS EL JAMÓN.

Se ha decidido aplazar selectividad, así como modificar el modelo de examen. Ahora, en vez de elegir entre A o B, se podrá hacer las preguntas que convenga a cada alumno. No lo critico.

Se han suprimido o, al menos se intentará, las evaluaciones de diagnóstico de cursos como primaria o la ESO. Tampoco lo critico.

Se va a pactar que las horas de prácticas sean inferiores pero que los alumnos de FP no tengan que ir a septiembre. Me parece justo.

Mientras tanto, a los universitarios se nos está ahogando a correos. Diarios. La carga de trabajo se ha triplicado. Se siguen los mismos criterios de evaluación (ejemplo: límite temporal para entregar las prácticas) que si fuesen clases presenciales aun cuando la mayoría de los profesores remiten a manuales o apuntes y nos hemos tenido que volver autodidactas.

Se nos pide paciencia, que sigamos trabajando (por nuestra cuenta claro) y que no le exijamos más porque no puede. Eso sí, nosotros hemos de estar 24 horas los 7 días de la semana pendientes de nuevos mensajes porque ya no hay horario. Que seamos comprensivos con la situación, pero se están olvidando de la nuestra.” 

He descubierto por casualidad este texto en redes sociales y me apetece comentar lo que opino al respecto. Es probable que muchos no opinen como yo o no quieran opinar. Pero, hay algo que sí tengo claro. Toda opinión merece ser escuchada, así que aquí va la mía.

Para empezar, creo que no es comparable. No es comparable el colegio, la educación primaria y la secundaria con la universitaria. El primer motivo es que las dos primeras son obligatorias. La tercera, en cambio, no deja de ser perseguir de forma voluntaria una educación superior y, por ende, el esfuerzo necesario para poder considerarse graduado en alguna materia ha de ser superior.

En segundo lugar, las edades y madurez habitual de las personas del colegio y de la universidad son sin duda diferentes. Creo que se ha puesto “de moda” acudir a la universidad y como la mayoría de la población lo hace hemos perdido de vista lo que realmente significa ser graduado en algo y el esfuerzo que conlleva.

En tercer y para mí, más importante lugar, estamos muy mal acostumbrados. Hay una expresión que mi padre me suele decir que reza lo siguiente: “tenéis el jamón bajo”. La finalidad de dicha expresión es argumentar que todo lo tenemos muy fácil. Nos hemos acomodado y ablandado. En cuanto algo parece complicarse mínimamente creemos que es el fin del mundo.

Sin embargo, si realmente tuviéramos que currarnos cada día las cosas, si tuviésemos que luchar y trabajar lo que realmente es necesario para ser graduados, o expertos en una materia pensaríamos diferente.

Hasta ahora, hemos vivido en la comodidad. En ir a clase, en que el profesor nos de la misma, nos recomiende ciertos materiales o nos envíe ejercicios. Practicar, estudiar, hacer el examen y generalmente aprobar. Sin embargo, eso no debería ser así.

Nos quejamos siempre del sistema educativo. Yo el primero. Pero no hacemos nada para cambiar la situación. Ahora tenemos nuestra oportunidad. Ahora, por fin tenemos tiempo de sobra para leer libros, buscar artículos o ver videos. Acudir a la bibliografía recomendada y por fin, aprender.

Claro que he sido el primero en criticar el sistema online de mi universidad. Pero lo que no había hecho era cambiar el chip. No había pensado que esta era por fin una oportunidad de aprender. De documentarme y de pensar. De volver a ser autodidacta. Claro que es complicado, pero nada que valga la pena será fácil.

Volvamos a Estados Unidos, volvamos a Berkeley. Allí, no me quedó otra opción. Claro que ibas a clase, claro que el profesor te daba materiales, pero con eso no era suficiente.

Algo que me fascinó fue que si querías aprobar era necesario aprender. Es momento de volver a ese cauce. De usar y disfrutar de los profesores, pero sobre todo de disfrutar del trabajo que requiere graduarse en algo.

Y sí, claro que hay excepciones. Si necesitas un laboratorio que no tienes en casa y al que no tienes acceso, evidentemente se te debe ofrecer una solución. Pero en general creo que lo que deberíamos hacer es quejarnos menos y aprovechar más.

En el próximo post haré un breve comentario de técnicas o herramientas que a mí me han o me están ayudando a ello.

UN MARTINI; AGITADO, PERO NO REVUELTO.

Y fue entonces, justo después de publicar el último post que decidí cambiar. Que decidí apartar todo aquello que me hacía daño y no me dejaba continuar, empezando, como no, por el móvil.

Decidí apagarlo de forma indefinida así que perdonad aquellos a los que no os haya respondido, pero necesitaba un respiro. Mi terapia ha sido más bien sencilla pero efectiva. Paseos en bicicleta, carreras con música, torrijas con helado de Alaska, una cena con amigos, mucho tiempo en familia y música, mucha música.

Un fin de semana para mi, para poner todo de vuelta en su lugar, para ordenar mi cabeza, organizar mis problemas, mis comeduras de tarro y ver cómo solucionarlas de la mejor manera posible.

Ayer lunes, una vez encontrada la que creo será la solución óptima volví a encender el móvil y di solución a los tres asuntos que más me agobiaban. Por otro lado, por fin terminamos la elección de destino para el erasmus, quitándome así, un gran peso de encima.

La fórmula a seguir ahora es más bien sencilla, usar el móvil sólo por la noche antes de meterme a dormir para responder a aquellos asuntos que tengan cierta urgencia, pero sin vivir obsesionado y pegado a él 24 horas al día. Seguir haciendo deporte de forma cuasi diaria, reír mucho y rodearme bien aunque es prácticamente imposible rodearme mejor de lo que estoy ahora.

¿Ves Guillermo? Al final antes o después todo va cobrando sentido.

– CÓCTEL MOLOTOV- .

Y de repente, sin saber muy bien cómo ni por qué, cuando todo parecía ir increíblemente bien llega un iceberg que pretende acabar con tu Titanic particular.

Es curioso cómo parece cambiar y fluir la vida en cuestión de meses, semanas o incluso días. Es raro también ver cómo aun cuando todo parece ir bien – amigos, trabajo, deporte, notas… – te sientes vacío, sin motivación ni demasiadas ganas de seguir adelante con todos los proyectos que tenías. Y eso que sigues siendo el flipado del Stay Positive.

Empiezas a darte cuenta de que has enfocado mal tu vida, francamente mal de hecho. Siempre has hecho mil cosas; proyectos solidarios, intentos de empresas o asociaciones en la universidad. Pero no ha sido hasta ahora que te has dado cuenta de que todo este esfuerzo, toda esta actividad no diré que ha sido en vano, sino que simplemente estaba mal encaminada.

Soñaste – y sigues soñando – con tan pronto como puedas cruzar el charco e irte a vivir a Estados Unidos, trabajar en Wall Street (puto flipado que eres Guillermo) y empezar allí una vida nueva. No nueva, simplemente diferente.

Empiezas a aplicar a empresas, empiezas a rellenar formularios, hacer entrevistas y ves que sí, que has hecho muchas cosas pero que ninguna contribuye a lo que realmente quieres hacer.

Además, como viene siendo habitual llegan momentos con picos de estrés, agobios por la universidad, por todos los proyectos que de repente parecen solaparse, escoger bien dónde coño te irás de Erasmus y no te dan los plazos. Empiezas a ver todo mucho más negro de lo que realmente es.

Y como no, escribes, escribes para decirle al mundo todo lo que hasta ahora no te has atrevido, todo lo que te preocupa y no te deja dormir, todo lo que quieres gritar, pero no tienes voz.

A todo esto, le sumas algún que otro agobio en lo personal, y tienes un maldito cóctel molotov entre manos. Cóctel que sabes que acabarás apagando como haces siempre, aunque ahora mismo ni siquiera sepas cómo empezar.

“Calma Guillermo, todo pasa por algo y puede que ahora no lo veas y todo te parezca una mierda, pero al final, todo cobra sentido”.

2019. 7.

7. 7 son los días que quedan para que 2019 se acabe. 7 es también el día en que nací y por eso, como homenaje al que de tener, sería mi número de la suerte trataré de contar, en siete párrafos, mi 2019. Vamos a ello.

Cáncer. La primera palabra quiero que sea la de este puto infierno de enfermedad. Y lo quiero por dos personas en concreto. Primeramente por ti mamá. Porque una vez más nos has dado una lección a todos de lo que es superarte, de lo que es querer y de lo que realmente es ser fuerte. Inés. Tú me enseñaste a vivir cada día con una sonrisa aun cuando todo parecía irse a la mierda. En el cielo necesitaban médicos y contigo no solo tienen eso, se han llevado a toda una superestrella. Te quiero.

Crecer. No se si por gusto o por necesidad este año me ha tocado crecer. Crecer como persona, como estudiante, como intento de emprendedor y hasta como pseudo-escritor. Sí, sí, eso de crecer suena muy bonito, pero… ¿a qué coño te refieres con eso de crecer, Guillermo? Me refiero a hacerme mejor, a asumir responsabilidades, a correr riesgos, y a empezar a labrar mi camino. No se, me refiero a saltar al vacío por aquello en lo creo, pero por primera vez a hacerlo con un plan.

Amistades. Este año he tenido la oportunidad de conocer a gente que ha pasado a formar parte de mi familia. Magui, Carla, Inés, Fio, Ander, Ro, Oier… pero también he disfrutado incluso más de la compañía de los que siempre están ahí. Pablo, Paula, George y Leire aquí va mi pequeño homenaje y mi gran agradecimiento.

Berkeley. No sólo por haber podido vivir la 5º mejor universidad del mundo desde dentro sino por todo lo que ha significado a nivel personal. Ha sido una cuna de primeras veces. La primera vez en la que he estado dos meses valiéndome por mi mismo. La primera vez que cruzo el charco yo solo o la primera vez que un ya nos veremos con alguien de verano acaba por convertirse en realidad. Ya lo he dicho alguna que otra vez, pero ha sido duro, exigente y mágico a partes iguales. Ha sido conocerme a mi mismo y aprender. Ha sido elegir lo que quiero hacer y saber cómo quiero hacerlo. Berkeley ha sido, un sueño que algún día repetiré. O tal vez no, quien sabe.

Familia. Seamos sinceros, ha sido un año perro de cojones, pero cómo siempre cuánto peor parece ir todo más nos unimos, más nos apoyamos y más resurgimos. Porque ya sabéis que sin vosotros nada sería posible y porque 2020 va a ser un año lleno de magia para nosotros.

Sueños que pasaron a ser objetivos. Retos que acabaron por cumplirse. Victorias que parecían imposibles y que o bien efectivamente lo fueron, o bien acabaron par convertirse en realidad. Momentos muy felices? Millones. Momentos de esos que no salen en Instagram? muchos más. 2020. Voy a por ti. ¿Me acompañas?

MI EXPERIENCIA EN LA 5º MEJOR UNIVERSIDAD DEL MUNDO.

Processed with VSCO with b1 preset
Como no, tenía que hacerme la clásica foto de postureo en una de las mejores escuelas de negocios del mundo.

Que tu cuerpo es capaz de aguantar mucho más de lo que creías lo sabías pero nunca lo habías experimentado. Sin embargo, como alguien dijo una vez, nunca digas que de este agua no beberás. Llegaste a Berkeley y ahí todo iba a cambiar para ti.

Pasarías de dormir 8-9 horas a dormir 4-5. Creías que no serías capaz de aprender todo lo que necesitarías pero lo acabaste consiguiendo. Dudabas de tu capacidad de esfuerzo, hasta que esforzarte fue tu única opción.

Decidiste no centrarte en estudiar sino que preferiste aprender. Pero es que el ambiente invitaba a ello. Conociste a gente con inquietudes. No había nadie que no pensara diferente. Que no tuviera dudas y que no se cuestionara las cosas. No viste a ni una sola persona que no soñara con hacer cosas grandes.

Sin embargo, sabías que ya que viajabas 10.000 kilómetros no ibas solo a estudiar. Exploraste San Francisco, cruzaste el Golden Gate en bicicleta. Comiste en Sausalito y cogiste el ferri hasta Alcatraz. Conociste a personas increíbles.

Tomaste un Uber a las 11 de la noche para irte a comer helado con una buena amiga, con ella reíste hasta que te saltaron las lagrimas y volviste en patinete a casa. 1 hora y media subido a un patinete, pero joder qué hora y media.

Celebraste el cumpleaños de tu compañero de habitación y juntos comisteis helado mientras hablabais de lo jodidos que estabais por todo lo que teníais que estudiar.

5A4ABCD0-73E3-4E01-BFA6-B860BD9C48F5
No todo iba a ser estudiar, ¿no?

Te reencontraste con un amigo al que no veías desde hacía 7 años y jugaste a tenis, comiste e incluso viste un museo que proyectaba clásicos del cine de forma gratuita a la noche en el pleno centro de Berkeley.

Fuiste a fiestas en fraternidades, jugaste a tenis en las pistas de la universidad, hablaste con un profesor que había sido vice presidente del Banco de America.

Ligaste y luego la cosa te salió mal, muy mal de hecho. Pero esa, es una historia de la que hablaremos otro día.

¿Fue intenso? Muchísimo. Fue duro? Durísimo. Valió la pena? Cada segundo. Volverías? Mañana mismo.


Este post va dedicado a todos los que siempre creen en mi, pero también a los que no. A los que no creyeron que lo conseguiría y a los que en los momentos duros de esta experiencia me animaron a seguir.

Pero sobretodo, este post va dedicado a Miguel Ángel, y es que de no ser por él, este blog habría cerrado hace bastantes meses.